Crisis de ingresos: ni el pan ni la leche logran escapar de la caída en las ventas

Argentina 02/05/2026.- El consumo de estos productos con una demanda relativamente inelástica cae con fuerza ante el menor ingreso disponible de buena parte de la población

La foto del consumo es nítida: algunas islas de crecimiento rodeadas por un océano de caídas. Luego de seis meses consecutivos de pérdida del poder adquisitivo de los salarios registrados, crece la lista de rubros que vienen registrando una merma en sus ventas, mientras, en paralelo, se profundiza la crisis de los que ya venían golpeados. Esa tendencia general a la baja alcanza incluso a dos de los productos clásicos del consumo masivo en Argentina: la leche y el pan. 

En el primer bimestre del año, las ventas de leches fluidas -en sachet y cartón- cayeron 4,8% medidas por producto y 5% en litros de leche equivalentes con respecto al mismo período del 2025, según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA).

«En 2024 los precios de la leche corrieron por arriba de la inflación, pero ya el año pasado aumentaron solo un 7% debido a que creció mucho la producción», dijo a El Economista José Quintana, director de la consultora Economía Láctea y ex Director Nacional en la Subsecretaría de Lechería durante el gobierno de Mauricio Macri.

  • «Aún así, con precios que subieron por debajo de la inflación, la demanda no reacciona, el mercado interno está parado y crecen las exportaciones», agregó.

En lo que va del gobierno de Javier Milei, el consumo de leche se movió al ritmo de la actividad económica. Tras un 2024 en que las ventas se derrumbaron al menor nivel en más de tres décadas, el año pasado hubo una recuperación parcial. Sin embargo, esa tendencia volvió a frenarse en los últimos meses. Con eso, las ventas de leches fluidas en el mercado interno, que en el primer bimestre ascendieron a 163,3 millones de litros en base a datos de la OCLA, siguen estando más de 10% por debajo de los 182,2 millones de litros alcanzados en los dos primeros meses de 2023.

El gobierno considera que el brusco descenso del consumo no responde a una caída lineal de la demanda, sino a la comparación con un período en que las elevadas expectativas de inflación incentivaban el consumo de corto plazo. De hecho, para intentar dar sustento a ese argumento, el ministro de Economía, Luis Caputo, utilizó a la venta de leche como ejemplo durante su exposición en la AmCham Summit 2026 de la semana pasada. «Si vos generás crecimiento basado en el consumo por colapso de la demanda de dinero, es decir, porque la gente tiene miedo de tener pesos en el bolsillo y entonces va y sobre-stockea y compra 48 sachets de leche, en ese mes puede haber un crecimiento, pero no es sano ni duradero en el largo plazo», dijo.

Más allá de esas interpretaciones sobre las causas, lo cierto es que el consumo masivo está en franca caída. En el caso de la leche, el descenso actual acelera una tendencia iniciada hace diez años: el nivel de ventas de leches fluidas en el primer bimestre de este año es casi 30% menor al del mismo período de 2016. Ese prolongado desplome, que incluye a los gobiernos de Macri, Alberto FernándezCristina Kirchner y Milei, tiene efectos severos en el acceso de la población a nutrientes clave como calcio y proteínas, lo que incrementa el riesgo nutricional, especialmente en niños. 

La sostenida pérdida del poder adquisitivo de buena parte de la población amplifica, además, los riesgos por el consumo de productos de baja calidad. El último informe mensual de la OCLA señala que «escenarios como el actual, donde hay un deterioro de los ingresos reales de la población con destino al rubro alimentos y bebidas en general por la mayor participación de otros destinos del ingreso, hacen que proliferen las ventas informales que obviamente ninguna estadística puede registrar». En la misma línea, la OCLA advierte que han crecido fuertemente productos que por precio sustituyen el consumo de lácteos, como bebidas con lácteos, margarinas y otros similares.

Pan duro

El oscuro panorama en el consumo de leche se replica en el pan. «En el primer trimestre llevamos una caída de las ventas del 40% con respecto a los tres primeros meses del 2025, y eso solo hablando de pan, sin incluir las facturas, los sándwiches de miga y las tortas que ya se volvieron un caviar en el conurbano», dijo a El Economista Martín Pinto, presidente del Centro de Panaderos de Merlo y miembro de la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN) de la Provincia de Buenos Aires.

 Con la caída abrupta del consumo de pan y el derrumbe de la venta de pastelería, en los últimos dos años cerraron unas 2.000 panaderías en todo el país, lo que implicó la pérdida de unos 16.000 puestos de trabajo. Esa dinámica se viene acelerando en los últimos meses. Según el centro de panaderos de la provincia de Buenos Aires, en el arranque de 2026 las ventas de insumos para panadería sufrieron una caída del 45% en comparación con el mismo período del año pasado, cuando ya la tendencia era a la baja.

El caso de Pinto, que tiene una panadería de barrio en Merlo, en pleno corazón del conurbano bonaerense, es un reflejo de la situación de muchos. «En los últimos dos años el alquiler del local pasó de 400.000 a 2 millones de pesos; la factura de luz, de 60.000 a 1.800.000 pesos y la de gas, de 80.000 a casi 2 millones, y además estoy vendiendo mucho menos», dijo. «Tuve que echar empleados y meter a mi familia a trabajar para no cerrar la panadería», agregó.

Los largos brazos de la crisis están alcanzando incluso a las cadenas que apuntan a segmentos socio-económicos más elevados en la pirámide de ingresos. A comienzos de abril, la cadena de panificación artesanal Pandanés, que llegó a operar 25 locales en la ciudad de Buenos Aires, entró en concurso preventivo. El descenso de las ventas superior al 50% en medio de costos en alza llevó a una situación de asfixia a esa cadena. Tras acumular más de 50 cheques rechazados, la firma apunta ahora a reordenar su deuda y evitar el cierre del negocio mediante una presentación judicial.

«Para que se funda una cadena, antes se tienen que haber fundido 200 panaderías de barrio«, dijo Pinto. «No aumentamos el precio del pan desde octubre del año pasado y no es porque no lo necesitamos, sino porque si aumentamos, no vendemos», agregó.

A la caída de dos productos tradicionales de la alimentación de los argentinos como la leche y el pan se suma el descenso del 10% en el consumo de carne vacuna en el primer trimestre con respecto al mismo período del año pasado, según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra).

El drástico incremento del peso de los servicios -solo en los últimos cuatro meses el valor total para cubrir las necesidades de vivienda, tarifas, transporte, salud y educación de un hogar tipo en la ciudad de Buenos Aires saltó 22,25%, de acuerdo a la consultora Focus Market- está incrementando la necesidad de endeudarse y de recortar gastos en buena parte de los hogares.

Esa tendencia alcanza incluso a productos con una demanda históricamente inelástica en Argentina. La caída de las ventas de la leche y el pan es un indicador más de una crisis de ingresos que se profundiza y extiende.

Fuente: El Economista

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