La reunión la mantuvieron en Buenos Aires con Iñaki Arreysegor, funcionario nacional señalado como impulsor de la intervención del Puerto de Ushuaia. Lejos de leer el encuentro como un gesto institucional, el espacio lo calificó como una señal política grave de alineamiento y subordinación al poder central.
En un documento de fuerte contenido político, FORJA denunció que la reunión consolida un proceso de avance sobre la autonomía provincial y sobre uno de los recursos estratégicos más importantes del sur argentino. El texto no ahorra calificativos y habla abiertamente de “traición a los intereses de la provincia”, apuntando contra dirigentes que, en lugar de defender Tierra del Fuego, optaron por legitimar decisiones tomadas desde Buenos Aires.
El pronunciamiento pone el foco en el contraste entre la actitud de estos referentes libertarios y el clima social que se vive en la provincia. Mientras trabajadores, sindicatos y sectores productivos se movilizan para advertir sobre el impacto de la intervención del puerto, FORJA cuestiona que haya dirigentes fueguinos que elijan el silencio, la connivencia y la foto política antes que la defensa del empleo y el desarrollo local.
“El silencio no es neutralidad”, advierte el documento, y remarca que reunirse a espaldas del pueblo fueguino, sin explicaciones públicas ni defensa explícita del puerto, equivale a convalidar un modelo centralista que debilita la capacidad de decisión de la provincia.
FORJA reafirma en el texto su compromiso con la soberanía provincial y la protección de las fuentes de trabajo, y marca una línea política clara: no hay diálogo posible cuando lo que está en juego es la entrega de herramientas clave para el desarrollo fueguino. El documento deja en evidencia una grieta cada vez más profunda entre quienes enfrentan la intervención y quienes, con su alineamiento, la facilitan.
