Lo que no aprendí a lo largo de todos estos años.

Rio Grande 09/06/2022.- Tres décadas puede ser mucho o poco según se lo vea, dice el tango que “es un soplo la vida”, y realmente si miro hacia atrás, ya e recorrido más camino del que seguramente recorreré de aquí en adelante, pero como siempre digo, en este laburo hay que aprender todos los días y hay mucho que no aprendí.

No aprendí a meterme en la vida privada de la gente, no aprendí a ir mas allá de la puerta de la casa de nadie, porque siempre supe que la vida privada de la gente es eso, privada y mi trabajo termina ahí.

No aprendí a ser impune en este sentido, ni a hacer periodismo extorsivo, he rechazado pautas, he devuelto facturas, pero jamás me casé con nadie, salvo mi esposa ni con nada, ni aceptamos cargos en ningún lugar, no aprendí a tener varios kioscos además de esto, ni aprendí a tomar esto como un negocio, no tengo otro trabajo que este, mi portal va a cumplir 22 años y jamás pudieron desmentirme nada.

No aprendí a llamarme periodista después de 33 años de laburo, porque nunca falta el idiota que te pide le título y no lo tengo, soy un laburante de los medios, al que le queda mucho por aprender.

Jamás se me ocurrió calificarme a mí mismo como el mejor, no almuerzo o ceno con funcionarios, no aprendí, no me reúno en secreto con nadie, no formo parte de ningún gremio a corporación, ni siquiera de un grupo de whatsapp, siempre trabajé solo, preocupándome y ocupándome de lo que realmente me importa, no aprendí a callarme por ninguna razón, ni por nadie, publico lo que creo que es importante, lo que realmente nos preocupa a todos como ciudadanos.

El periodismo para mi es “decir lo que nadie quiere que digas, lo demás son relaciones públicas”.

No aprendí a silenciar denuncias, no aprendí a hacerme amigo de funcionarios y después aprovecharme de eso, jamás pedí nada a cambio de, tampoco lo aprendí, no aprendí a publicar bajezas tales como la enfermedad de alguien, si es homosexual o no, si sale con alguien, no soy almohada de nadie, no me permito que me señalen con el dedo, ni dejo que nadie,  me sugiera lo que debo publicar salvo mi esposa que es periodista.

Como pueden ver hay muchas cosas que no he aprendido, no me distrae el poder ni la plata, estoy en una edad donde si tengo que decidir entre un acto oficial y unos mates con mi esposa, elijo los mates y la charla con ella. No aprendí a hacer sociales con quienes después te dan la espalda, y tampoco lo necesito, vi subir y bajar gobernadores, intendentes, legisladores, concejales, funcionarios y sigo acá, algo debo haber aprendido o debe ser que ya saben que no me presto a nada que no esté dentro del marco de la ley, como diría mi viejo “elegí el camino difícil, porque en el fácil están haciendo cola”.

No aprendí a esconderme de nadie, no aprendí a callar para otorgar, no permito que me metan en la misma bolsa que a todos los demás, de los que ni siquiera me pregunto dónde viven, no senada del resto de quienes trabajan en esto, no me interesa, no me aprendí a meterme en la vida de los otros, cada uno hace con ella lo que le parezca, pero dentro de la función pública son motivo de análisis según lo que hagan, en algunos casos tampoco hay nada o poco que me distraiga, me llame la atención o merezca ser publicado, eso lo decido yo.

Los favores que me hicieron creo haberlos pagado y los que me deben quedan en la cuenta del otario, como dice el tango, que después te bancó.

No aprendí a criticar por criticar, a hablar de lo que no se, a cuestionar lo que desconozco, a decir pavadas de las que después deba disculparme, no aprendí a hacer reflexiones al aire en lugar de preguntar, no aprendí a ser la estrella de un reportaje, sino a quien se lo hacía. No aprendí a tener trabajadores en negro prefiero seguir trabajando solo, además no puedo tener empleados, no gano tanto como parta eso.

Viendo esto no he aprendido muchas cosas que creo a algunos no solo le gustan, sino que las disfrutan, esa manía de ensuciar gente de una manera grosera, mediocre e intolerante, manjar para ignorantes.

Por ultimo si aprendí a respetar a los lectores y auspiciantes, que me han sostenido durante todo este tiempo, son lo mejor que me ha pasado trabajando en medios desde 1988, valoro sinceramente cada crítica y sé que si no me pegaran un cachetazo de vez en cuando quizá perdería le rumbo, pero están ahí y eso me hacer apoyar la cabeza en la almohada y dormir con la conciencia tranquila.

Armando Cabral

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