La gente que está bien no jode al resto.

Rio Grande 14/05/2022.- Parece simple, pero es así, la gente que está bien consigo misma no le jode la vida al resto, no se mete en la vida de los demás, no genera chismes, ni se mete en lo que no le importa, ni va donde no la invitan o habla de lo que no sabe, que generalmente son otras personas.

No existe un mismo diagnóstico para dos pacientes diferentes, no se le puede enseñar a vivir a nadie, y mucho menos dar consejos que no se piden, pero hay veces que dan ganas de decirles “¿Por qué no te compras una vida?, deja de mirar lo que hace el vecino, deja de contarle los días que le quedan, de tratar de averiguar cuánto gana o como hace para tener lo que tiene, como educa a sus hijos, con quien sale, si está separado o no, si se juntó o si todos los días sale con alguien diferente, si es gay, trans, hetero o lo vos creas que es.

Quizá la pandemia ayudo a que muchos no solo se inventaran una vida que no tienen, sino que también empujo a que muchos otros se interesaran por la de los demás y se generaran miles de problemas entre familias, parejas, adultas y adolescentes, por las lenguas viperinas de aquellos que no tienen nada mejor que hacer que joderle la vida a los demás. Se dio en muchos casos el de la presión de padres a hijos, esa eterna transmisión de frustraciones que tratan de transmitirles a sus hijos para que logren lo que ellos no lograron, el famoso “déjalo ser” ha quedado guardado en el cajón de los recuerdos.

Mirar hacia adentro, mirarse al espejo y decirse a uno mismo si eso es lo que quiero ser o realmente estoy perdiendo el tiempo en cosas que no me aportan nada, como gastar dinero en cosas que después no puedo pagar para aparentar algo que a nadie le importa, tratar de mostrar una vida que no tengo, una felicidad simulada, una familia Ingals que no existe, una edad que no tengo, y trato de esconder, y mientras todo esto sucede el tiempo pasa irremediablemente, cada día que pasa es un día menos que no se disfruta, de la familia, del amor, de los hijos, de la pareja, de la tranquilidad de vivir la vida, de  compartir momentos, de caminar juntos hacia algún objetivo común, hacia el bienestar propio dejando que cada uno haga de su vida lo que le parezca mejor.

Una vez la psicóloga chilena Pilar Sordo contó una anécdota de uno de sus pacientes, este era ciego y debía describir que cosas sentía cada mañana, como era su día.

El paciente regreso días después con varios cuadernos y al leerlos Pilar no pudo evitar llorar, allí su paciente detallaba como sentía el aroma a café recién hecho, el agua tibia de la lucha, el aroma a tostadas, el sol en la cara, el canto de los pájaros, las rizas de los niños en el parque, el aroma a césped recién cortado de su jardín y de las flores. Cosas simples.

Todas estas cosas que, para una persona sin su discapacidad, son normales, para su paciente eran lo que le daba sentido a su vida. Muchos de nosotros deberíamos hacer algo parecido, dejar de mirar que hace el otro y disfrutar de las pequeñas cosas que nos hacen bien, salir de encierro, caminar, escuchar música, leer un libro, visitar lugares diferentes cada vez que podamos, respetar y hacernos respetar por nuestros hijos no inculcarles mañas que ya no nos dieron resultado, dejar que sean, bastaría con que fueran buenas personas y después lo que elijan ser.

Claro que puede parecer hasta una estupidez, pero sentir bien con uno mismo lleva a sentimientos distintos, a una vida más relajada, a ser más pacientes, a ponernos en el lugar al que pertenecemos, ser lo que queremos ser y no lo que los demás quieren que seamos, eso enferma, entristece, deprime y genera resentimiento, ansiedad y malestares varios.

Por eso recomiendo la lectura del libro “El Angel Interior de Chris Weidener que en este resumen deja más claro esto que quiero expresar aquí: “Todos los seres humanos tenemos  defectos y virtudes, pero desafortunadamente son pocas las disciplinas en donde existe el buscador de talentos que tiene la capacidad de observar las cualidades que demuestran el potencial de la persona. En muchas biografías nos informamos que los virtuosos tuvieron que pasar por verdaderos viacrucis para poder demostrar sus  capacidades.

Después de leer el libro «El ángel interior» de Chris Widener, llego a la siguiente conclusión: El maestro deben ayudar a sus alumnos a descubrir su ángel interior, y la familia debe apoyar a sus hijos para lograr sus propias metas.

El Sr. Buenarrotti dá un excelente ejemplo de la función docente. Lo demuestra al diagnosticar solamente con la observación la desesperación de Tom, que posteriormente se convierte en alumno. Nos da una demostración del efecto que tiene la conversación en el proceso de aprendendizaje, utiliza con maestría la sugestión, —-«después de ésta plática cambiará tu vida para siempre», y logra sembrar la duda y motivar el deseo de aprender. Lleva al alumno a observar y analizar el mejor ejemplo de aprendizaje y posteriormente lo traslada a un taller para que observe el proceso de elaboración. Finalmente estimula la atención prestada, ofrece su amistad y hace entrega de una recapitulación de todo lo aprendido:

 

☆ Encuentra tu ángel interior.

☆ Sigue tu propia vocación.

☆ Confía en tus virtudes.

☆ La belleza está en los detalles.

☆ La mano crea lo que concibe la mente.

☆ Prevé y prepara.

☆ Comienza con una acción tajante.

☆ Acepta de buen grado las etapas de desbastado, esculpido, pulido y lustrado.

☆ En ocasiones se tarda años en triunfar, así que sé paciente.

☆ Nadie empieza por la Capilla Sixtina.

 

Este libro se lo recomiendo a todos los estudiantes y maestros porque es una invitación a descubrir nuestra verdadera vocación y sacar a relucir ese ángel interior que todos llevamos dentro, es el camino para el desarrollo de ésta sociedad que a mi juicio todavía no logra alcanzar los niveles idóneos para la democracia, la justicia y el desarrollo humano”.

Vuelvo al principio es mucho más terapéutico tratar de ser mejores personas cada día que vivir preocupado por la vida de los demás, ya no tenemos tiempo para eso. Es hora de vivir y dejar vivir.

Armando Cabral

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