¿Qué implicancias tiene la aceleración inflacionaria?
Si bien el motor-dólar continua siendo el principal impulsor de los precios, tras varios meses de inflación de por lo menos 3% mensual la inercia pasa a ocupar un rol central: precios que suben para no ceder terreno frente a otros que subieron antes. Cabe destacar que esta dinámica puede retroalimentarse en los próximos meses, a medida que los precios vayan incorporando la totalidad de los efectos del reciente salto cambiario. Por caso, sin una reapertura de paritarias, los salarios reales caerían más de 10% en el segundo semestre del año. Dado el nocivo impacto de semejante contracción, luce probable una suba de los salarios de los trabajadores. En consecuencia, si pensamos que la inflación en nuestro país proviene principalmente del alza de costos (la demanda está en franco retroceso), tiene sentido esperar que la misma continúe elevada hacia el cierre del año, incluso si el mercado cambiario se estabilizase, ya que la estructura de costos de las empresas continuará subiendo.
¿Cómo cerrará el 2018?
La inflación de 2018 se encamina a mostrar la tasa más alta desde 1991. Según nuestras proyecciones, producto de incrementos salariales adicionales y los aumentos pendientes en las tarifas de Servicios Públicos y los combustibles (falta trasladar el alza de costos que produjo la depreciación cambiaria en los últimos meses), la inflación rondaría 45% este año si no se materializa un nuevo salto cambiario. La inflación más alta del siglo XXI dejará una elevada inercia para 2019, por lo que incluso si se logra calmar el mercado cambiario, la suba de precios difícilmente baje del 30%.