El 19 de febrero pasado la fragata británica HMS Argyll zarpó de la base naval de Plymouth con destino al Atlántico Sur. El despliegue hacia su destino final, las islas Malvinas, y otros puertos del Caribe y África Occidental se hizo con el cálculo exacto para que el navío arribe al archipiélago en coincidencia con el referendo que llevarán a cabo los kelpers el 10 de marzo.
La consulta popular dará a conocer un resultado de Perogrullo, la pertenencia británica de los isleños. Esa fragata tipo 23 reemplaza al destructor HMS Edinburgh en las funciones de protección de los intereses en territorios de ultramar, así define la Corona a una serie de dependencias insulares cuya soberanía está cuestionada, entre ellas Gibraltar (en disputa con España) y las Malvinas.
Desde la finalización del conflicto de 1982 el Gobierno británico tomó la decisión de mantener presencia marítima permanente en las Malvinas, las Georgias y las Sandwich del Sur. La misión denominada «Patrulla atlántica sur» (Atlantic Patrol Task South) asignada a la Royal Navy tiene el objetivo de ser la primera respuesta armada ante un episodio de tensión. Esa fuerza de tareas se compone de un buque de primera línea, destructor o fragata -ahora será la fragata HMS Argyll-, un transporte logístico de la Real Flota Auxiliar (RFA) y un patrullero oceánico, rol que cubre el navío HMS Clyde. Se suma la participación de un submarino de propulsión nuclear con capacidad de portar armas atómicas, destacado a intervalos regulares pero nunca publicitados.
En la travesía por el Atlántico la fragata Argyll hará escala en puertos de África occidental, rutina de protocolo y acercamiento político que cumplen todos los navíos en esa patrulla, visitan Cabo Verde, Costa de Marfil, Ghana, Guinea Ecuatorial, Nigeria, Sierra Leona, Angola, Senegal y Sudáfrica.
La Cancillería sueña que el apoyo solidario al reclamo soberano argentino que estamparon 54 países africanos en la Declaración de la Tercera Cumbre América del Sur-Africa (ASA), que sesionó en Malabo (Guinea Ecuatorial) la semana pasada, active decisiones de rechazo a la entrada de la fragata Argyll a los puertos africanos. La iniciativa pretende continuar con la matriz de lo que ya aconteció en el Mercosur y en Unasur: Brasil, Uruguay y Perú vetaron la entrada de buques ingleses a sus puertos si éstos se dirigen o regresan de la patrulla por Malvinas.
Esperar igual trámite africano es difícil, casi una fantasía, al menos para uno de ellos, Ghana, cuya Justicia apresó por más de dos meses la fragata Libertad a instancias del reclamo del fondo buitre NML, o Sierra Leona, excolonia británica, de violenta historia cruzada con intereses y escándalos políticos del Reino Unido. Uno resonante, a principios de 2008, casi llevó a la dimisión al entonces canciller Robin Cook, cuando se comprobó que a pesar del embargo de armas que había establecido la ONU a Sierra Leona, un Boeing 727 con 30 toneladas de armas de fuego -de fabricación búlgara- con destino a Freetown, capital de Sierra Leona, había sido despachado por la empresa británica Sandline, compañía privada de seguridad (mercenarios) dirigida por Tim Spencer, veterano del Ejército inglés.
Guinea Ecuatorial, país anfitrión de la III Cumbre ASA en la que el canciller Héctor Timerman logró colocar el párrafo «se urge al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte a reanudar las negociaciones para encontrar, tan pronto como sea posible, una solución justa, pacífica y definitiva a la disputa, de conformidad con las resoluciones de las Naciones Unidas y de otras organizaciones regionales e internacionales», no escapa al tramado de lucha del poder con presencia británica. En 2005, Mark Thatcher, hijo de la ex primera ministra Margaret Thatcher, fue arrestado en Sudáfrica y luego condenado con cuatro años de prisión en suspenso, más una multa de 500 mil dólares por su participación en un fallido golpe de Estado en Guinea Ecuatorial. Financió las tropas de mercenarios británicos y su transporte en un helicóptero de ataque. Sierra Leona y Guinea Ecuatorial son dos importantes productores de commodities que suelen generar disputas violentas: diamantes y petróleo.
Por: Edgardo Aguilera
Fuente:ambito.com
