Mujica, un presidente humilde

Viern 25/01/13 08:54 hs.-El presidente de los uruguayos no ha encontrado hasta ahora motivo alguno para dejar de ser quien es. Lejos de la impostura, es un político progresista consecuente con sus principios.

La foto del presidente uruguayo José “Pepe” Mujica, almorzando en un restaurante sin abolengo de Carmelo, dio la vuelta al mundo y será, sin duda, cargada en la cuenta del exotismo sudamericano que en el viejo mundo se empeñan en endilgarnos, no sin razón. Ignoran, por allá, que por acá las sensaciones son parecidas, aun cuando sus motivos sean diferentes.
El hombre que conduce los destinos de Uruguay nos tiene acostumbrados a sus gestos de republicana y abrumadora austeridad, no pocas veces teñida de un enorme sentido común. No sólo se lo puede ver comiendo en el bodegón “Lo de Pepe”, sino, además, pasando sus vacaciones en la elegante residencia veraniega presidencial de Anchorena, pero en una dependencia secundaria, menos rumbosa que la casona principal.
Es el mismo hombre que viaja en clase turista en un avión de línea; el que concurre a la ferretería más próxima con una tapa de inodoro rota para adquirir otra igual; el que conduce un viejo Volkswagen de los ‘60 digno de un museo; el que sigue viviendo en su humilde quinta y ayuda a un vecino a reparar el techo de su vivienda.
Podría sospecharse que su austeridad está sobreactuada y, acostumbrados como estamos al marketing que los asesores de imagen construyen para políticos de todo signo, suponer una cierta impostura. Podría ser, si no supiéramos uruguayos y argentinos que José Mujica era “el Pepe” antes de ser presidente y la alta investidura no le ha impuesto cambio alguno de conducta. El presidente de los uruguayos no ha encontrado hasta ahora motivo alguno para dejar de ser quien es.
Contrastan estos datos con la historia reciente de esta parte del mundo, en la que quedaron registrados el clima frívolo de la gestión de Carlos Menem, o la pasión casi ofensiva por el lujo y la ostentación de Cristina Fernandez. Esto, por no hablar de funcionarios convertidos en millonarios y gobernadores que fletan aviones para trasladar a los invitados al cumpleaños de 15 de su hija, por citar sólo algunos casos. Tal vez por eso nos asombramos cuando se nos dice que es frecuente ver a un ministro sueco viajando en el transporte público.
Sin embargo, nuestro maltratado país sabe de presidentes que viajaban en tranvía, como Hipólito Yrigoyen, y de ese modelo de ciudadano austero que fue Arturo Illia, a quien tarde hemos aprendido a valorar. O sea que alguna vez hemos sabido de dónde veníamos, pero por el camino nos olvidamos de adónde íbamos.
No se trata de propugnar un campeonato de encumbradas figuras carenciadas, ni de emular a José Mujica en su condición de “presidente más pobre del mundo”, título que el uruguayo carga con campesino buen humor. Sí de entender que las sociedades se referencian en el espejo de sus dirigentes y que muy poco puede esperarse de ellas cuando los ciudadanos no tienen dónde mirarse.

Fuente:lavoz.com

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