Se trataría de un golpe demoledor, ya que Cablevisión le aporta al
grupo el 60% de sus ingresos.
Pero también Canal 13 ó la señal de cable TN podrían caer en la
volteada y terminar intervenidos por el Gobierno como parte de la
misma obligación de desinversión.
Parte de la ofensiva oficial, son también los avances de Guillermo
Moreno sobre Papel Prensa. El manejo oficial de la principal empresa
de papel de diario del país le daría otro golpe muy grande al grupo de
Noble y Magnetto.
MANIPULACION Y RE-ELECCION
El monopolio quedaría así prácticamente fuera de juego de cara al
2013, crucial año electoral, cuando se dirimiría la suerte de la
re-reelección y la estabilidad política del Gobierno hasta el 2015.
Y, a su vez, el resultado de estas medidas podría derivar en una
estatización de un sector decisivo de los medios de comunicación. Es
que, con el recurso de una intervención estatal se podría dilatar la
re-privatización legal en el tiempo y dejaría al Gobierno en posesión
de los medios de la Corpo.
El Estado debería hacerse cargo de la ‘desinversión’ del multimedio,
un camino plagado de corruptelas y de conflictos de todo tipo. Y
tendríamos ‘cadena’ las 24 horas del día.
Es que, si bien la “ley de medios” que se invoca para hacer
desinvertir a Clarín estuvo concebida para reordenar el mapa de los
medios a favor grupos empresarios ligados férreamente con el Gobierno,
de cara a las necesidades políticas del kirchnerismo, la
reprivatización de las empresas de la Corpo podría demorarse el tiempo
que al Ejecutivo le resulte necesario, ya que los grupos ligados al
Gobierno (Vila-Manzano, Telecentro y otros), tienen dificultades para
apropiarse en el corto plazo de las licencias de Clarín. El revés
judicial del grupo Vila-Manzano en la intervención a Cablevisión pone
de relieve la falta de espaldas de este monopolio mendocino y su
incapacidad para enfrentar a Magnetto. Vila-Manzano no recibe la
presión del Gobierno para desinvertir aunque, por la concentración de
licencias, también viola la “ley de medios”.
OTRA QUE “CLARIN MIENTE”
El Estado arbitra y arbitrará el nuevo reparto del espacio mediático,
de modo que los nuevos capitalistas serán apéndices más o menos
disimulados del Gobierno.
Así, una estatización del monopolio, cualquiera sea las
características que adopte, le daría al Gobierno un arma decisiva de
manipulación y de control de la información al servicio de los
intereses capitalistas que el kirchnerismo defiende.
De producirse un ‘desguace’ del grupo, conoceríamos en forma
exacerbada el famoso “Clarín Miente”. Los Ciccone y Boudou, el Indek y
la inflación, Pedraza y su patota, Gerardo “601” Martinez, la
contaminación de las mineras y la depredación del medio ambiente,
desaparecerían como factor de denuncia. Para quienes necesiten un
ejemplo, basta ver el tratamiento “informativo” que los medios
oficialistas le dieron a la brutal represión contra los desocupados
que la Gendarmería de la ministra Nilda Garré descargó hace unos días
en la Panamericana.
CAPITALISMO Y LIBERTAD DE EXPRESION
En el choque entre el gobierno y Clarín se juegan intereses
capitalistas, así como también replantea el monopolio capitalista de
la libertad de expresión.
En lo que respecta a los trabajadores de prensa, la libertad de
expresión que hoy está coartada, en este caso, por el grupo de
Noble/Magnetto, pasaría a estar sometida al control de los
‘comisarios’ políticos del Gobierno. Como sucede en Télam, donde las
noticias que se emiten son del “Mundo Feliz” y se tira al cesto
cualquier dato o noticia que pueda tener el más mínimo tufillo
crítico. O en Radio Nacional, donde se llegó a prohibir informar que
Mariano Ferreyra era un militante y mucho menos precisar que era del
Partido Obrero (la orden fue mencionarlo como un trabajador
tercerizado). O el despido de trabajadores díscolos al “relato” en
Canal 7.
Nosotros combatimos contra el monopolio de Clarín porque también
defiende intereses capitalistas y pretende imponer “un discurso”
contra los trabajadores y los sectores populares. Y porque,
consecuentemente, explota y censura a los compañeros de prensa que
trabajan en sus medios.
Pero denunciamos el propósito reaccionario del Gobierno, que pretende
utilizar la comunicación para domesticar a las organizaciones
populares, ponerlas bajo su tutela y, en definitiva, estatizarlas.
NUESTRA POLITICA
En oposición a esta maniobra reaccionaria, que nada tiene de
progresiva por más esfuerzos que hagan los epígonos oficiales,
llamamos a luchar por una gestión de los medios por parte de los
periodistas y los trabajadores de la cultura y de los representantes
de los sectores populares.
Alertamos sobre la ofensiva que puede desatarse sobre los trabajadores
de los medios de Clarín y llamamos a defender la continuidad laboral y
la prohibición de cualquier despido de trabajadores de prensa y
gráficos y de televisión. Luchamos por la defensa integral del
Estatuto del Periodista y los convenios.
Denunciamos también que cualquier intervención estatal del
kirchnerismo supondría para los trabajadores de cualquier medio
público o privado un cercenamiento aún mayor de la libertad de
expresión.
Semejante poder omnímodo del Gobierno sobre los medios crearía un
clima general de intimidación contra todos los trabajadores de prensa,
incluso para aquellos que se desempeñan en los medios “críticos” del
Gobierno o, al menos, que no están alcanzados de manera directa por la
mano K, o que no se ubican taxativamente en uno u otro campo. Esto es
así porque el refuerzo de la monopolización estatal de los medios
operaría, para encontrar un simil, como la desocupación sobre los
reclamos salariales, que exhiben una tendencia a moderarse ante la
amenaza de despido con menos posibilidades de encontrar un nuevo
trabajo. Si el Gobierno avanza sin resistencia sobre cada medio
crítico, nadie se sentirá a salvo de ejercer libremente su trabajo de
periodista, cuya esencia para el ideario más liberal que existe sobre
la profesión es escrutar al poder, ya que no sabrá en qué momento su
propio medio puede caer en manos del Gobierno o de un empresario
amigo. Frente a su propia patronal, aún cuando la patronal sea de la
Corpo que no ha caído en manos oficiales, el periodista también se
verá debilitado para luchar contra la censura, al restringírsele las
opciones en las que apoyarse -al menos individualmente y dejando de
lado, por ahora, las opciones de lucha colectiva- para resistir la
imposición del relato de su propia patronal. Como criterio general
consideramos que todo menoscabo legal y social sobre la libertad de
expresión perjudica estratégicamente a la clase obrera en general y a
la que se desempeña en los medios en particular y supone, siempre, un
reforzamiento de las posiciones patronales sobre sus propios
trabajadores aunque la patronal en cuestión milite circunstancialmente
en el campo rival del Gobierno autor de la eventual iniciativa
censora.
Para ser más claros, todo ataque a la libertad de expresión o todo
retroceso en las libertades para ejercer la tarea periodística será,
más temprano que tarde, un reforzamiento de los Magnetto /Noble contra
sus trabajadores aunque en el camino o coyunturalmente se vean
perjudicados. En todo caso serán los nuevos Magnetto Noble surgidos de
la nueva configuración capitalista (que tenderá a ser monopólica de
manera inevitable por imperio de las leyes que rigen el
desenvolvimiento del capital) los beneficiarios directos de ese cuadro
de intimidación contra los trabajadores periodistas, si es que se de
el caso extremo de una pulverización de la patronal en cuestión en el
aquí y el ahora.
El tan temido poder de Clarín fue el resultado de una sucesión de
ataques a la libertad de expresión ejercidos desde el poder estatal.
El primero de todos por parte de Juan Perón en su segunda presidencia,
contra el diario La Prensa, cuya página de clasificados, su gran
negocio de la época, pasó directamente a manos del joven diario
Clarín, debido a las buenas migas ocasionales de Roberto Noble con
elementos de ese gobierno. Ese fue el primer gran golpe de mano de
Clarín, que le permitió pegar un salto descomunal en etapa tan
temprana de su historia. Ni hablar de los ataques a la libertad de
expresión ejercidos por la dictadura de Videla, que redundaron en un
considerable aumento del poder económico de Clarín como premio a su
política de ocultamiento de los crímenes de los genocidas; fue,
además, ese impresionante poder estatal dictatorial, reforzado por la
suma del poder público y el control de los medios, lo que le permitió
a Clarín terminar con todo vestigio de oposición gremial, una faena
que empezó incluso antes, bajo el gobierno de la Isabel y el imperio
de las Tres A.
Consecuentemente, la restricción de la libertad de expresión por la
vía de la acción estatal supone siempre un reforzamiento del propio
aparato estatal en general, cuyo carácter conspirativo contra la clase
obrera y el pueblo se desenvuelve mejor sin periodistas y /o medios
que pretendan echar luz sobre su condición secreta y represiva. Todo
reforzamiento del carácter represivo del Estado o del propio estado
termina siempre yendo a parar a la cuenta de los capitalistas, que se
valen de ese estado para sojuzgar a la clase que explotan.
Ante esta puja entre el Gobierno y la Corpo resulta fundamental abrir
una deliberación entre los trabajadores de todos los medios, que
defienda el derecho a la información de nuestro pueblo contra la
censura y la manipulación de todas las fracciones capitalistas
estatales y privadas en pugna.
De LA NARANJA DE PRENSA
