Profundizar esta estrategia no parece la solución de fondo: aumentan las chances de sufrir represalias comerciales y se restringe el ingreso de productos que son necesarios para alimentar el proceso de crecimiento.
De hecho pese a que el Ejecutivo intenta frenar la expansión de las importaciones, se ve forzado a intensificar la compra de combustibles en el exterior para evitar el desabastecimiento interno.
Más aún, por el continuo crecimiento de la demanda y la persistente caída de la producción local de gas y petróleo, se consumó la pérdida del autoabastecimiento energético.
Dado que el déficit de la balanza energética no podrá revertirse en el mediano plazo –excepto con una recesión o un fuerte ajuste de tarifas-, el rojo deberá ser compensado por el excedente comercial de la agroindustria.
En síntesis, el superávit comercial esta jaqueado por el rojo industrial y el incipiente déficit energético. Si no se realizan cambios en la política económica (frenar la inflación para detener el deterioro de la competitividad externa), es probable que en uno o dos años el saldo agregado de bienes entre en déficit.
De hecho, desde 2007 se pueden apreciar dos tendencias claras en la evolución del balance comercial según grandes rubros: el deterioro del superávit energético ya mencionado y el creciente rojo industrial.
Los datos del saldo comercial del primer trimestre de 2011 ratifican la tendencia observada en los últimos años. Por ello, proyectamos que el año cerrará con un leve déficit energético y un rojo industrial cercano a los US$ 26.000 M (similar al récord de 2008). Igualmente, gracias a la performance de las MOA y los P.P., el superávit comercial se ubicará levemente por debajo de los US$ 10.000 M.
Hacia adelante hay que mejorar el resultado de la balanza industrial, pues revertir el déficit del sector energético en el mediano plazo –sin un brusco ajuste de la demanda- no es viable y aumentar el saldo exportable de la agroindustria depende mayormente de los precios internacionales y del clima.
Se pierde el pilar externo
Según datos del Indec, el resultado de la Cuenta Corriente (CC) en los primeros tres meses de 2011 fue deficitario por segundo trimestre consecutivo. Si bien se espera un elevado superávit durante el período abril-junio (gracias a la exportación de la cosecha gruesa), este excedente sólo alcanzaría para que la CC cierre el año en equilibrio.
Consciente de la importancia de contar con un excedente de dólares comerciales, el Gobierno introdujo trabas a la importación de bienes y al giro de utilidades al exterior. Sin embargo, esas medidas atacan las consecuencias pero no las causas del deterioro de la CC y no están exentas de costos.
Si bien las importaciones de bienes perdieron algo de dinamismo tras la ampliación del régimen de Licencias No Automáticas (LNA), continúan trepando a un mayor ritmo que las exportaciones. Profundizar esta estrategia no parece la solución de fondo: aumentan las chances de sufrir represalias comerciales y se restringe el ingreso de productos que son necesarios para alimentar el proceso de crecimiento.
A la compra de diversos insumos industriales y bienes de capital que no se producen en el país, se le suman las indispensables importaciones energéticas. En los primeros cinco meses del año las compras externas de combustibles se duplicaron (+108% i.a.), mientras que las exportaciones cayeron 10% i.a.
De hecho, por el continuo crecimiento de la demanda y la persistente caída de la producción local de gas y petróleo, se consumó la pérdida del autoabastecimiento energético. Paradójicamente, por un lado el Ejecutivo intenta acotar la expansión de las importaciones, mientras que por el otro se ve forzado a intensificar la compra de combustibles en el exterior para evitar el desabastecimiento interno.
Lo más preocupante es que para revertir el déficit energético se requiere no sólo un cambio radical en la política actual (acotar la demanda e incentivar la oferta) sino varios años para que maduren las inversiones en exploración y explotación necesarias para apuntalar la producción doméstica.
Dado que el déficit de la balanza energética no podrá revertirse en el mediano plazo –excepto con una recesión o un fuerte ajuste de tarifas-, el rojo deberá ser compensado por el excedente comercial de la agroindustria. El problema es que éste debe contrarrestar además el creciente desbalance del sector industrial.
En síntesis, el superávit comercial esta jaqueado por el rojo industrial y el déficit energético. Más aún, si no se realizan cambios en la política económica (como frenar la inflación para detener el deterioro de la competitividad externa), es probable que en uno o dos años el saldo agregado del intercambio de bienes también entre en déficit.
Esperar un nuevo boom de precios de commodities agrícolas para saldar el creciente déficit energético e industrial es abusar de la suerte y, paralelamente, profundizar la soja-dependencia en el balance de pagos. Asimismo, tapar los desequilibrios con financiamiento externo implica volver a la fallida receta de los años ´90.
Aún se pueden hacer las correcciones necesarias pese a que se ha perdido mucho tiempo y la descapitalización del sector energético es importante. Comenzar a revertir este déficit y encontrar un balance macroeconómico que haga sustentable el crecimiento es principal desafío del próximo gobierno.
Soja Vs. Industria y Energía
Como hemos mencionado en diversas oportunidades, la Argentina ha sido tradicionalmente un exportador neto de Productos Primarios (P.P.) y Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) y un importador neto de productos industriales.
Esto no ha cambiado en los últimos años. Pese a que las manufacturas de Origen Industrial (MOI) han ganado participación dentro del total exportado y se encuentran en niveles récords, lo mismo ha sucedido por el lado de las importaciones industriales. Es decir, aumentó el intercambio exterior de estos bienes pero no se revirtió el déficit.
De hecho, desde 2007 se pueden apreciar dos tendencias claras en la evolución del balance comercial según grandes rubros: el deterioro del superávit energético ya mencionado y un creciente rojo industrial. Vale destacar que, como se observa en el gráfico a continuación, durante la recesión de 2009 el resultado comercial mejoró en ambos rubros mostrando un claro comportamiento anti-cíclico.
La desagregación por grandes rubros del saldo comercial de los primeros tres meses de 2011 ratifica la tendencia observada en los últimos años: desaparición del excedente energético y fuerte aumento tanto del déficit industrial como del superávit de los productos relacionados a la agroindustria.
De esta manera, proyectamos que el año cerrará con un leve déficit energético y un rojo industrial cercano a los US$ 26.000 M (alcanzando el nivel récord de 2008). Igualmente, gracias a la excepcional performance de las MOA y los P.P., el superávit comercial se ubicará levemente por debajo de los US$ 10.000 M.
Hacia adelante una incógnita a dilucidar es cómo mejorar el resultado de la balanza industrial. Corregir este saldo es clave pues, revertir el déficit del sector energético en el mediano plazo –sin un brusco ajuste de la demanda- no es viable y aumentar el saldo exportable de la agroindustria depende principalmente de factores exógenos (precios internacionales y clima favorable para los cultivos).
En los últimos años la industria argentina sufrió un deterioro en su competitividad externa frente a la mayoría de los socios comerciales (excepto Brasil por el “súper Real”). A esto se le suma que el sector fabril pierde otra ventaja comparativa: el bajo costo de la energía. La pérdida del autoabastecimiento energético implica que los precios internos convergerán gradualmente a los internacionales, o que se carezca de los fluidos necesarios para la producción con costos aún mayores para los sectores damnificados.
Implementar nuevas trabas para proteger al sector no sería la solución, especialmente si se afecta el comercio con Brasil, ya que varias ramas industriales están estrechamente integradas con el país vecino. El esquema productivo del sector automotriz es un claro ejemplo: la mitad de los autos producidos en Argentina se exportan a Brasil, y estos, en buena medida, fueron fabricados con autopartes de ese país.
Las desventajas de una estrategia comercial proteccionista podrían reducirse si el Mercosur como bloque restringe la competencia externa. Brasil esta virando hacia esa posición por el masivo ingreso de productos asiáticos que provoca la apreciación de su moneda. El problema es que la inserción mundial del bloque se limitaría a la exportación de commodities.
Incluso, si se restringe el comercio extra Mercosur, la Argentina debe sostener la isla de competitividad que aún posee contra Brasil. Esto implica bajar la inflación local o bien acelerar la tasa de depreciación del tipo de cambio.
Fuente:ecolatina
Director Economista:Roberto Lavagna.
