En el ámbito local, si bien aún no se observan despidos masivos, se verifican suspensiones, reducción de horas extras, no renovación de personal contratado, entre otras problemáticas.
Se prevé una mayor contracción del mercado laboral en la segunda mitad del año pues no esperamos una reactivación de la actividad local en el corto plazo y la recuperación real de la economía mundial llegará recién en 2010.
La discusión salarial de 2009 se enmarca en un contexto de actividad y empleo en descenso e inflación aún elevada. La falta de estadísticas confiables (actividad, empleo y precios) dificulta aún más las negociaciones.
Dada la diversidad de situaciones no es deseable una pauta única de incremento nominal para todas las ramas de actividad, ya que en los sectores más golpeados hay que privilegiar las fuentes de trabajo.
Ante una situación más crítica en la segunda mitad del año, el desafío para los sectores más golpeados será garantizar la estabilidad de empleos y, para los menos comprometidos, mantener el poder adquisitivo de los salarios.
Hace falta una dosis de realismo de las partes involucradas en las negociaciones salariales y una coordinación efectiva del gobierno para evitar que los niveles de conflictividad continúen aumentando (+63%i.a. en el primer bimestre de 2009).
La recuperación del empleo se logrará con un cambio de rumbo económico que genere un shock de expectativas favorables y aumento en los niveles productivos.
En el sector público, la reducción del superávit fiscal y la falta de financiamiento en la mayoría de las jurisdicciones impactan de lleno en la evolución del empleo y los salarios.
El caso de las provincias y municipios es aún más delicado pues los costos salariales representan la mitad de los gastos primarios y ya en 2008 el superávit primario fue nulo.
Las expectativas de expansión del empleo en el sector público son bajas. Asimismo, un incremento salarial por encima de la inflación esperada en todos los niveles de gobierno, sólo sería viable con recursos de la nación.
El desafío de sostener el empleo es mundial
A fines de 2008 la crisis financiera internacional frenó la actividad mundial. Esto significa no sólo una fuerte caída del comercio internacional y de la producción, sino también un importante ajuste del empleo.
Esta realidad global se hizo palpable tras masivos despidos en las economías desarrolladas. No obstante, la contracción del mercado laboral también afecta en los países emergentes: si bien el ajuste es más gradual, se registran pérdida de puestos y deterioro en las condiciones de trabajo.
Según un informe realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en enero, el desempleo crecería en 2009 1,4 p.p. respecto a 2007 (equivale a 51 millones de personas) en el escenario más pesimista, que a esta altura es también el más probable.
En el ámbito local, los signos generalizados de debilitamiento comenzaron a exhibirse en el cuarto trimestre de 2008. Si bien todavía no se observan despidos masivos, se verifican suspensiones, reducción de horas extras, no renovación de personal contratado, etc.
Este deterioro es puesto en evidencia en los últimos datos del Ministerio de Trabajo: el empleo formal cayó 0,2% mensual en octubre y 0,4% en noviembre de 2008. Además, según el INDEC en el cuatro trimestre de 2008 sólo 29,7% de las empresas planearon contratar personal (el dato más bajo desde el inicio de la serie en 2005) y la tasa de informalidad trepó a 37,8% de los asalariados (el valor más elevado de 2008).
Por último, según datos recientes de Tendencias Económicas, en los primeros dos meses del año los despidos representaron casi la mitad (47,6%) de los registrados en todo 2008 y las suspensiones más de un cuarto (27,3%).
Por el lado de las expectativas, según Ibarómetro para el 37% de los argentinos el principal miedo ante la crisis mundial es la pérdida del empleo. Además, por primera vez desde que Manpower realiza la encuesta de expectativas de empleo los resultados son negativos. Según los relevamientos 10% de las empresas esperan reducir su planta laboral en el segundo trimestre de 2009, mientras que sólo 9% piensan en expandirla.
Si bien varias empresas aún tienen excedentes para retener empleados -tras 5 años de expansión a tasas chinas-, si no hay una señal de recuperación de la economía el empleo va ajustar de acuerdo a los niveles actuales de producción.
Según nuestra visión la recuperación real -no la financiera- de la economía mundial llegará recién en 2010 y no esperamos una reactivación de la actividad local en el corto plazo. En este marco prevemos una mayor contracción del mercado laboral en la segunda mitad del año.
Un equilibiro delicado: suba salarial en contexto recesivo
Hemos trazado un escenario poco alentador pero realista sobre la dinámica global y local del empleo. Ahora bien, la Argentina presenta una particularidad respecto de los demás países: desde 2007 la inflación bien medida supera el dígito.
De esta manera, la discusión salarial de 2009 se enmarca en un contexto de actividad y empleo en descenso e inflación aún elevada. La falta de estadísticas confiables (actividad, empleo y precios) dificulta aún más las negociaciones.
Esta claro que para sostener el poder de compra de los salarios, la suba nominal tiene que alinearse por lo menos con la inflación real esperada para el año. Según nuestras estimaciones el IPC-Ecolatina alcanzaría 13,5% en 2009.
Ahora bien ¿pueden todas las actividades privadas otorgar estos incrementos? La respuesta es negativa en aquellos sectores con elevada exposición al mercado internacional donde cayó fuerte el nivel de actividad. Por ejemplo, la producción automotriz cayó 62% i.a. y la siderurgia 37% i.a. en el primer bimestre.
Dada la diversidad de situaciones no es deseable una pauta única de incremento nominal para todas las ramas de actividad, ya que en los sectores más golpeados hay que privilegiar las fuentes de trabajo (cuanto más tiempo permanece una persona desempleada más se deteriora su “empleabilidad”).
Si bien hubo casos –puntuales- donde se acordó estabilidad de empleos y salarios, el desafío será extender esta modalidad ante una situación más crítica en la segunda mitad del año. El reto para los sectores menos comprometidos será mantener el poder adquisitivo de los salarios.
Para llevar este esquema a la práctica hace falta una dosis de realismo de las partes involucradas y una coordinación efectiva del gobierno. Si esto elemento será difícil aceitar los mecanismos de negociación y consenso para evitar los niveles de conflictividad laboral de 2008.
Otorgar sumas fijas por actividad y postergar las negociaciones para después de las elecciones serviría para apuntalar los sueldos más bajos en el corto plazo, pero no cambia las decisiones de fondo de cara a la segunda mitad del año.
En términos agregados la mejor defensa del empleo se logrará con un cambio de rumbo económico que genere un shock de expectativas favorables e inversiones en el sector productivo. En la actualidad los agentes privados se encuentran asfixiados por una presión tributaria récord, el deterioro de la demanda internacional y un tipo de cambio real que dejó de ser competitivo en 2008.
Poco margen para afrontar subas salariales en el sector público
Si bien hemos desarrollado la problemática del empleo y los salarios en general, el sector público presenta una dinámica especial condicionada por la performance fiscal de cada nivel de gobierno (Nacional, Provincial y Municipal).
La reducción del superávit fiscal y la falta de financiamiento en la mayoría de las jurisdicciones impactan de lleno en la evolución del empleo y los salarios del sector público. Como los ingresos tributarios son pro-cíclicos, el estado enfrenta, junto con la economía, una contracción real de sus ingresos (descontada la inflación).
El caso de las provincias y municipios es aún más delicado pues los costos salariales representan cerca de la mitad de los gastos primarios (sólo 13% en la Nación) y ya en 2008 el superávit primario fue nulo. La coparticipación de los derechos de exportación a la soja es sólo una ráfaga de aire fresco pero en algunos casos apenas alcanza para cubrir pagos atrasados.
Si bien la situación de la Nación es más holgada, también exhibe un fuerte deterioro: en el primer bimestre el superávit genuino se contrajo 42% i.a. La caída de los derechos de exportación e importación golpea el corazón de las finanzas estatales. Además, sin posibilidades de financiamiento externo las provincias y municipios presionan sobre los recursos del gobierno central.
En definitiva las expectativas de expansión del empleo en el sector público son bajas. Asimismo, un incremento salarial por encima de la inflación esperada en todos los niveles de gobierno, sólo sería viable con recursos de la Nación.
En este sentido es importante seguir la evolución de las paritarias docentes en los distintos distritos. Estas son una referencia para las demás actividades del sector público, permiten vislumbrar si hay dispersión de subas salariales en las provincias y si la Nación solventa parte del alza.
Fuente:Ecolatina especial para La Licuadora.
