La inflación del 3,4% registrada por el INDEC volvió a poner bajo la lupa el negocio de las estaciones de servicio, donde la dinámica de precios de los combustibles incide de forma directa en la rentabilidad, los costos operativos y la planificación del sector.
En este contexto, el esquema de estabilización de precios vigente, basado en un mecanismo de amortiguación transitoria de 45 días frente a la volatilidad internacional del petróleo, busca evitar saltos bruscos en los valores del surtidor, pero al mismo tiempo introduce tensiones en la ecuación económica de las estaciones.
Desde la Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos y Afines de la República Argentina (CECHA) advirtieron que el escenario actual mantiene en alerta a los estacioneros. Según remarcaron, la combinación de inflación persistente, costos operativos en alza y precios parcialmente contenidos genera una presión creciente sobre los márgenes.
«Las estaciones de servicio vienen absorbiendo aumentos de costos que no siempre se pueden trasladar en forma inmediata al surtidor. Eso termina impactando directamente en la rentabilidad», señalaron desde la entidad, donde además insisten en la necesidad de reglas claras y previsibles para el sector.
En esa línea, desde CECHA remarcan que el negocio estacionero depende de una actualización ordenada de precios que permita sostener la actividad sin deteriorar el capital de trabajo de las pymes del sector. También advierten que la falta de previsibilidad complica la toma de decisiones en materia de inversión y empleo.
El impacto del combustible trasciende al propio sector. Distintos especialistas coinciden en que las variaciones en naftas y gasoil se trasladan al resto de la economía a través del transporte y la logística, lo que alimenta la inercia inflacionaria general.
«Estamos vendiendo a precios que en algunos casos suben, pero con costos que lo hacen al mismo ritmo o incluso por encima», explican empresarios del sector, que observan un desfasaje entre ingresos y egresos en el corto plazo.
El esquema actual toma como referencia un valor del barril cercano a los US$ 90 por debajo de los picos internacionales que en las últimas semanas superaron los US$ 100. Esa brecha funciona como un mecanismo de diferimiento, que evita un traslado inmediato al surtidor pero deja abierta la posibilidad de ajustes futuros.
A lo largo de 2025, los combustibles acumulan un aumento promedio del 36%, por encima de la inflación del 31,5%, lo que en términos generales muestra una leve recomposición de precios. Sin embargo, desde el sector estacionero advierten que ese ajuste aún no alcanza para revertir los desequilibrios acumulados en los últimos años.
El desacople con el precio internacional del petróleo también agrega incertidumbre. Según analistas del mercado energético, la diferencia con el Brent funciona como un anticipo de ajustes futuros: el consumidor paga hoy por debajo del valor pleno internacional, pero esa brecha podría trasladarse más adelante.
En este escenario, CECHA y los estacioneros en general insisten en la necesidad de avanzar hacia un esquema de mayor previsibilidad y gradualidad. «Si se logra sostener un sendero de ajustes ordenados, podemos acomodar costos y mantener la actividad sin sobresaltos», sostienen desde el sector, que observa con atención la evolución de la inflación y de los precios regulados como variables clave para su sostenibilidad.
Fuente: El Economista
