Cuestionadas en Chile, aprobadas en Argentina: expertas alertan a Tierra del Fuego sobre impactos ambientales de salmoneras

Tierra del Fuego 19/01/2026.- La provincia más austral de Argentina, Tierra del Fuego, aprobó en diciembre la producción industrial de salmónidos en el mar, lagunas, ríos y lagos. La actividad estaba prohibida por ley desde 2021, pero la Legislatura provincial modificó la legislación, a pesar de la oposición de ambientalistas, científicos y ciudadanos. Expertas de Chile, donde este tipo de producción se instaló hace décadas, advierten sobre las consecuencias ambientales de la producción industrial de salmón, una especie exótica en Chile y Argentina. Pero no sólo alertan las ONGs y científicos, también lo reconoce un legislador de Tierra del Fuego que votó a favor de la modificación de la norma.

La provincia de Tierra del Fuego, la más austral de Argentina, votó el 15 de diciembre pasado a favor de modificar una ley que prohibía la producción industrial de salmónidos en el mar, ríos, lagos y lagunas. Ahora, estará habilitado el cultivo de salmones, una especie exótica en América del Sur, sobre la que advierten científicos, ambientalistas y legisladores. El proyecto solo salvaguarda de la actividad al Canal de Beagle.

Los impactos y consecuencias de esta actividad en los cuerpos de agua han provocado graves cuestionamientos ambientales del otro lado de la Cordillera de los Andes, en Chile, donde se desarrolla desde hace décadas. Es el modelo que todos temen en Argentina, incluso el gobierno de Tierra del Fuego, que impulsa la actividad en la provincia, pero que sostiene que no cometerá los mismos errores del país limítrofe. ¿Qué lecciones puede darle Chile a Argentina sobre los impactos ambientales de esta industria?

“El modelo chileno es todo lo que no hay que hacer”, aseguró a Mongabay Latam Agustín Coto, legislador hasta diciembre pasado de La Libertad Avanza (LLA), el partido de Javier Milei. Coto promovía el cultivo de salmónidos en piletones sobre la tierra, una actividad denominada Sistemas de Acuicultura de Recirculación (RAS), que permite cultivar estos peces en entornos controlados. Su proyecto no prosperó y en su lugar el gobernador fueguino, Gustavo Melella, presentó una propuesta para modificar la ley provincial y habilitar la actividad en el mar y otros cuerpos de agua. Coto y su partido apoyan el proyecto oficial.

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En la vereda de enfrente del arco político, el legislador Matías Lapadula, presidente del bloque legislativo Provincia Grande y ex secretario de Producción del municipio de Río Grande, Tierra del Fuego, afirmó a Mongabay Latam que no está en contra del desarrollo de la actividad, ya que considera que es importante para la provincia y tiene un gran potencial económico, pero, aclara: “Sí estoy de acuerdo con mantener la prohibición de la salmonicultura en el mar”. “Tiene que ser sí o sí de forma sostenible y siendo absolutamente celosos del cuidado ambiental porque es una actividad dañina, con impacto y, mal hecha, produce daños irreversibles. Esto está demostrado en la Patagonia chilena”, aseguró el legislador argentino.

Retiro de salmones muertos desde los centros de cultivo en fiordo Comau. Foto: Álvaro Vidal

Mongabay Latam consultó a dos voceros del gobierno fueguino pero ninguno respondió a las consultas. También contactó a la Asociación de la Industria del Salmón en Chile, pero tampoco recibió respuestas a una serie de preguntas sobre la actividad y sus impactos.

“En Chile tienen salmonicultura hace 50 años y se cometieron errores. No queremos empezar desde cero, sino que nuestro punto de inicio es a partir de todo lo que ya sabemos que no se debe hacer”, dijo al medio ADNSUR Diego Marzoni, subsecretario de Pesca y Agricultura provincial, quien sostuvo que en Tierra del Fuego el proyecto contempla “todas las salvaguardas ambientales necesarias”.

Sin embargo, ambientalistas y científicos locales temen que el Estado fueguino sea incapaz de controlar a las empresas y sus impactos ya probados en Chile, de acuerdo con los
especialistas consultados por Mongabay Latam en diciembre pasado. Este medio consultó a tres expertas chilenas sobre los impactos de esta industria en su país, quienes coinciden en advertir a la provincia argentina sobre las consecuencias de la cría de salmones en el mar y otros cuerpos de agua.

Un salvavidas de plomo

La salmonicultura es una actividad central en Chile. El medio argentino Chequeado publicó los resultados de un informe del Instituto Tecnológico del Salmón (Itesal) y de SalmonChile, asociación gremial de productoras y distribuidoras de salmón y truchas, que sostiene que en 2024 el salmón fue el segundo producto más exportado del país trasandino, con más de un millón de toneladas de ventas al exterior. Además, el Ministerio de Hacienda de Chile informó que la exportación de salmones en 2024 alcanzó los 6371 millones de dólares por más de un millón de toneladas.

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Se consultó a la Subsecretaría de Pesca del Gobierno de Chile sobre las normativas específicas que rigen la actividad en el país: todo centro de salmonicultura debe tener una Resolución de Calificación Ambiental (RCA), cuyo documento es emitido por el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), tras completar un proceso de evaluación de impacto ambiental (EIA); y cada centro debe realizar informes ambientales por ciclo.

Cultivos de salmones. Foto: WWF Chile - Meridith Kohut.
Cultivos de salmones. Foto: cortesía WWF Chile / Meridith Kohut

Estos mecanismos de control, sin embargo, no han sido suficientes para los expertos que siguen el problema. El Gobierno de Chile no brindó información, por ejemplo, sobre cómo controla el efecto de los antibióticos utilizados en la industria para controlar enfermedades de los salmones. Mongabay Latam consultó también al Ministerio de Ambiente, que derivó la consulta a la Subsecretaría de Pesca pero este organismo derivó nuevamente la pregunta a la cartera ambiental, más específicamente, al Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), cuyos voceros no respondieron la consulta.

La doctora Vreni Häussermann llegó a los fiordos de Chile en 1998 para estudiar la biología de la biodiversidad de la Patagonia chilena, lo que le permitió ver los impactos ambientales de las salmoneras. “Es un problema muy grande y hay que poner reglas mucho más estrictas”, asegura a Mongabay Latam. Hay otros sistemas cerrados, explica, que tienen impactos más bajos. Pero los sistemas abiertos en lagos y fiordos, sostiene, son altamente perjudiciales.

Tiene un efecto muy fuerte en la vida marina. Lo observamos, por ejemplo, en el fiordo, cuando hicimos estudios, en 2003 y 2013, comparando lo que vive en el fondo marino cuando había como dos o tres salmoneras, pequeñas, y luego, en 2013, cuando había unas 20 y algunas gigantes. Y no hay otro tipo de impacto en el fiordo”. Por eso, asegura, saben con bastante seguridad que estos cambios llegaron por las salmoneras.

Observaron que muchas especies disminuyeron sus abundancias en un 75 %, como los corales gorgonia, entre 2003 y 2013. “Y hay algunas especies que ya no se han visto, especialmente camarones de roca, porque en las salmoneras usan químicos que inhiben el desarrollo de crustáceos”, agregó la bióloga.

Centro de cultivo de salmones en Chile. Foto: cortesía WWF Chile / Denisse Mardones

También hay contaminación lumínica y sonora. La contaminación por sonido obviamente tiene un impacto fuerte en los lobos y delfines, especialmente los delfines que viven generalmente en las desembocaduras de ríos. Cuando prenden las luces de noche afectan a los invertebrados porque con eso atraen al plancton, atraen a larvas de peces y los salmones tienen comida gratuita y comen lo que es la base de la cadena trófica del fiordo”, agrega la bióloga.

Salmones forzados a invadir

La Subsecretaría de Pesca de Chile aseguró que cada centro de salmonicultura debe mantener los sitios libres de desechos inorgánicos y tender a tener fondos aeróbicos o con suficiente oxígeno para ayudar a acelerar la absorción de materia orgánica depositada y evitar la contaminación del agua. “No se puede sembrar en sitios con condiciones anaeróbicas (es decir, menor a 3 mg oxígeno) y deben certificar la seguridad de las estructuras y evitar escapes de peces”, afirmó el organismo. También sostiene, que deben tener planes de contingencia frente a la amenaza de escapes, la interacción con mamíferos, como los lobos marinos, y las mortalidades.

“La normativa sectorial, además de regular al sector productivamente, considera exigencias sobre desechos, así como mantener la limpieza y equilibrio ecológico de los sitios autorizados”, indica el Gobierno chileno. En caso de contaminación, dice, existen mecanismos de alerta temprana -Comisiones Regionales y Comisiones de Alerta Temprana- y monitoreo que generan planes de contingencia y respuesta rápida, permitiendo al sector prepararse y mitigar los efectos negativos.

Subpesca admite los impactos ambientales de la actividad pero asevera que para los desechos de carácter orgánico propios de la salmonicultura, las empresas deben cumplir con regulaciones específicas para su manejo.

Trabajador alimentando a los salmones. Foto: WWF Chile-Meridith Kohut.
Trabajador alimentando a los salmones. Foto: cortesía WWF Chile / Meridith Kohut

Pese a las exigencias que plantea la autoridad chilena para la cría de salmones, Liesbeth van der Meer, médica veterinaria de la Universidad de Chile y directora ejecutiva de Oceana Chile, señala que ha sido testigo de los problemas que han surgido. “Cuando se los cría en jaulas, los impactos son a lo largo de toda esta cadena y son bastantes porque no están en su estado natural. La hacinación en jaulas provoca que los salmones se estresen, se enfermen y al ser tantos se necesitan bastantes químicos y antibióticos para mantener a estos peces vivos”, explica Van der Meer. En una sola jaula, que puede llegar a tener 13 metros de profundidad, podría haber hasta 690 000 salmones, agrega.

“Los peces defecan y eso provoca que el agua empiece a tener más amonio, nitrito, fósforo. Eso baja el nivel de oxígeno. Entonces hay muchas zonas que se llaman hipóxicas, donde hay tanta producción de salmón, tantas fecas, tantos químicos, que ha caído tanto el oxígeno que ya no se puede producir ahí”, asegura Van der Meer. “Donde no hay oxígeno no puede haber vida”, agrega. Se les llama “zonas muertas” y son irreversibles, afirma.

La directora de Oceana remarca que en los años 2000 la salmonicultura se instaló en aguas prístinas. La geografía de Chile tiene una característica que no posee Tierra del Fuego: los fiordos, que garantiza un comportamiento de marea característico de estas formaciones, lo que facilita la instalación de jaulas. Por eso, algunos legisladores y expertos argentinos creen que las jaulas no podrán instalarse en el mar, y por ello temen que las empresas acaben operando en ríos, lagos y lagunas de la provincia argentina, donde los impactos podrían ser todavía más intensos.

Salmones muertos por la marea café. Foto: Álvaro Vidal

“Los ecosistemas que están en la Patagonia de Chile, sobre todo mucho más al sur, ya en Tierra del Fuego -la isla es compartida por ambos países- son ecosistemas muy vulnerables. Hay una salinidad muy específica”, agrega la especialista. Una vez que la vida marina muere en estos ecosistemas, es muy difícil que vuelvan a revivir. “También porque cuando tú entierras todo esto en las capas de sedimentos, cambia irreversiblemente la biota, debido a los antibióticos y antiparasitarios. Es un poco como aplicar insecticida y antibióticos al agua. Es matar la biota, o sea, matar la vida de ese lugar”, afirma Van der Meer.

La cuestión del control

Van der Meer explica que en Chile existen varias leyes y regulaciones, pero no todas se cumplen. Además, resalta, el Estado nunca ha estudiado ni investigado a las salmoneras con ojo crítico. “Toda la inversión que hay en ciencia generalmente viene desde la misma industria. Se invierte mucho en investigación genética para ver cómo pueden crecer más, como pueden engordar más rápido, pero no hay estudios que sean financiados por el Estado para estudiar el real estado del medio ambiente”.

Quienes han intentado ingresar a las salmoneras para investigar en profundidad sus impactos ambientales se han encontrado con la negativa de las empresas para permitirles el acceso, aseguró.

También advierte sobre otro fenómeno social que produjo la salmonicultura en el sur de Chile: la gente se empezó a dedicar a esta actividad y abandonó el turismo, una actividad central en Tierra del Fuego, que quedó en segundo lugar. Los cambios son tan drásticos a nivel socioambiental que “una vez que llega la salmonicultura al lugar no se va”. “Creo que lo mejor es entender la gravedad que tiene. La discusión que están teniendo hoy no es algo trivial”.

Marea café en el fiordo Comau. Foto: Álvaro Vidal

La bióloga Flavia Liberona, directora ejecutiva de Fundación Terram, coincide y advierte: “Creo que aquí lo importante a tener presente es que los salmones, como se cultivan en Chile, como se cultivan en Noruega genera, primero, impacto en el paisaje”.

Libarona también resalta que uno de los principales problemas con las salmoneras en Chile es la “incapacidad” del Estado para controlar la actividad, ante la falta de recursos materiales y humanos. “Las instituciones que tienen que fiscalizar no tienen lanchas y no tienen robots para meterse al fondo marino”, pero, además, dice, que el país tiene “muchos problemas de fiscalización ambiental respecto a esta industria porque se hace la vista gorda”.

La especialista advierte sobre otro punto clave que la Subsecretaría de Pesca dijo tener bajo control: “Los lobos de mar quieren ir a comer los salmones de las jaulas. Y entonces, los dueños de las salmoneras tienen una serie de medidas que ellos llaman ‘disuasivas’. En definitiva, han aumentado las poblaciones de lobos y también las matanzas de lobos”.

La Subsecretaría de Pesca respondió a Mongabay Latam que el sector pesquero y acuícola chileno está sujeto a las evaluaciones de cumplimiento de la Ley de Protección de Mamíferos Marinos de Estados Unidos (MMPA, por sus siglas en inglés) debido a las exportaciones. “Se ha trabajado en mesas técnicas -donde también participa el Ministerio de Medio Ambiente- para implementar medidas de mitigación, monitoreo y avance en la resolución de disuasivos acústicos” y “reducir la interacción”.

Una cría de lobo fino en acción. La gestación de esta especie dura aproximadamente un año y es de un cachorro por cada vez. Foto: Andre Baertschi – PSJ.
Las jaulas de salmones atraen a los lobos marinos, que intentan romperlas para comer los peces. Eso ha provocado medidas «disuasivas» por parte de la industria que terminan con la matanza de estos mamíferos marinos. Foto: cortesía Andre Baertschi / PSJ

Durante los últimos años, la industria salmonera en Chile ha protagonizado varios escándalos ambientales y sanitarios. En 2007 salió a la luz una sobrepoblación de salmones en los criaderos que provocó el brote del virus ISA. El hecho desencadenó la peor crisis sanitaria en la historia de la industria nacional y dejó sin empleo a más de 15 000 personas. En 2016, 9000 toneladas de salmones muertos fueron vertidos al mar de Chiloé intensificando la marea roja. Eso provocó una mortandad de peces sin precedentes y una profunda crisis social y económica. En 2018, una fuga de casi 700 000 salmones ocasionó un nuevo problema ambiental que puso en riesgo a las poblaciones de especies nativas.

En 2023, la empresa Australis Mar se autodenunció ante la Superintendencia de Medio Ambiente por producir 80 000 toneladas de salmones más de lo que tenía autorizado. Terram denunció que no fue un caso aislado.

Pero hay otra cuestión, asegura Libarona: la actividad genera mucho tránsito de embarcaciones, “un impacto que está visto y probado”. Los barcos chocan contra la fauna marina, ocasionando heridas y muerte. “Hay que tener mucho, mucho cuidado, si la Argentina quiere desarrollar la salmonicultura porque esto es una industria, esto no es algo pequeño, es algo gigantesco. Una vez que se instala, es difícil saber lo que va a pasar”, alega y luego recuerda: “Los industriales se han convertido en un poder con influencia. Los candidatos presidenciales que estaban confirmados a la primera vuelta de la elección presidencial, todos hablaron a favor de la salmonicultura”.

Imagen principal: vista aérea de granjas salmoneras en el estuario de Reloncaví, región de Los Lagos, en el sur de Chile. Foto: Ángel Cristi

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Editor/a
Fuente:es.mongabay.com
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