La universidad culpa al nivel medio por el bajo rendimiento

También lo atribuyen a las dificultades económicas de los estudiantes Si el rendimiento académico es el problema, el mayor responsable es el colegio secundario, y la estrategia principal para remediarlo es seguir de cerca a los estudiantes en sus primeros pasos en la carrera. Esas ideas son compartidas por las universidades que encabezan el listado de instituciones con mayor porcentaje de estudiantes que, al reinscribirse en sus carreras, no aprobaron ninguna materia el año anterior.

Como reveló LA NACION el domingo último, casi el 25% de los estudiantes de universidades públicas (253.000 alumnos) y el 20% en las privadas del país (37.800) está en esa situación. Deficiencias en el secundario, la necesidad de trabajar y la desorientación vocacional colaboran para engrosar esa cifra, que es más alta en las universidades estatales de las zonas más pobres del país. La UBA está por debajo del promedio, con 20,2 por ciento.

Pero los promedios esconden diferencias abismales: en la Universidad Nacional de Jujuy (UNJU), el porcentaje llega al 62,8%. «Estamos trabajando con las carreras de agronomía e ingeniería, incrementando el número de tutores en primer año, con alumnos avanzados que orientan a los nuevos para que vayan conociendo lo que les espera», dijo a LA NACION el rector, Enrique Arnau.

Con 13 universidades de la región, comentó, se creó un ciclo común para las carreras de ingeniería, convalidado en todas, que permite a los estudiantes cursarlo en cualquiera de ellas y luego optar por alguna de las 26 ingenierías que ofrecen.

En la UNJU, con 12.000 estudiantes, confían en haber encontrado un modo de reducir la deserción. Con algunos colegios técnicos, articulan la carrera de analista programador: en 4° año se hace el primer cuatrimestre; en 5° año, el segundo, y al terminar el secundario reciben un título técnico que vale como primer año de la universidad. «Es difícil que el chico abandone luego, porque le faltan dos años para recibirse», dijo el rector.

Arnau reconoció un problema de fondo. «Hay que aumentar las becas de comedor. Los chicos vienen de muy lejos y tienen problemas con la alimentación», admitió.

Similar diagnóstico hizo el rector de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, Arnaldo Tenchini, donde el 53,2% no aprobó ninguna materia en el año. «El problema es el polimodal. Estamos trabajando con cursos de nivelación desde julio del año anterior para que los chicos no entren tan desprotegidos», dijo Tenchini.

A veces no es la pobreza sino el crecimiento económico lo que aleja a los chicos de la universidad. «Después de años de desempleo, con la oferta actual de petroleras y mineras es difícil plantear a los jóvenes que estudiar es la única opción. Esto nos obliga a buscar estrategias alternativas que no sean la presencialidad», dijo la rectora de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, Eugenia Márquez, con sede en Río Gallegos y 6500 alumnos, donde el 46% no aprueba una materia en el año. Según dijo, desarrollan una política de tutorías, cursos preuniversitarios y capacitación especial para los docentes de los primeros años.

También en las privadas

En la Universidad Fasta, privada, con sede en Mar del Plata, afirman tener «un problema de ensayo y error en la búsqueda de la carrera universitaria, lo que impacta en la deserción», según dijo su rector, Juan Carlos Mena. Las cifras oficiales afirman que el 77,4% de sus estudiantes no aprueba ninguna materia en un año, pero Mena afirmó que la cifra es 18,5%. «Como estrategia de retención tenemos profesores consejeros, uno o dos por unidad académica, que van siguiendo el avance de los alumnos», comentó.

En la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) hablaron de «acciones preventivas». Entre ellas, utilizar el desempeño en los exámenes de ingreso para detectar grupos de riesgo. «Son chicos que deben recibir una atención especial porque son los más propensos a desertar ante un inconveniente», dijo Ana María Mass, la secretaria académica.

Además, hay cierta flexibilidad en el armado de las carreras. «Tratamos de no tener correlativas de un semestre al otro, para darles tiempo y que no se atrasen», dijo Mass. También monitorean las ausencias y resultados en los parciales, y la cursada de las materias. «Muchos chicos siguen cursando aunque no hayan aprobado materias anteriores y creen que van avanzando», dijo.

¿Un seguimiento tan cercano para estudiantes universitarios? «Es un equilibrio difícil entre la contención que necesitan en los primeros años y formarlos en la autonomía», admitió Mass.

Por Raquel San Martín
De la Redacción de LA NACION

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