La represión y tortura policial en Río Grande, que viene siendo denunciada desde hace mucho tiempo y que se desata en particular los fines de semana, se denuncio en una reunión de legisladores, a pedido de un grupo de padres de chicos golpeados cuando festejaban el día del amigo en un salón de la Margen Sur. Cinco fueron las denuncias radicadas ante la Fiscalía penal por este caso, y se convirtieron en disparadores de otros testimonios que sumaron jóvenes, adultos y padres de jóvenes agredidos por policías en distintas oportunidades, complementado con el relato de las organizaciones de derechos humanos de la ciudad que ofician de canal de recepción y acompañan a las víctimas.
Las pruebas aportadas, entre ellas certificados expedidos por el médico de guardia del hospital donde no se registran lesiones, mientras que con el cambio de guardia un nuevo médico constata severos golpes, son parte de una problemática planteada en la reunión realizada en la delegación de Río Grande del Poder Legislativo, donde en forma descarnada chicos de entre 16 y 22 años expusieron las torturas sufridas en dependencias policiales, en la vía pública, dentro de los patrulleros e incluso dentro del hospital, por parte de quienes deben velar por su seguridad.
Para los legisladores existen responsabilidades que deben determinarse tanto por parte del poder político, como por parte de la cúpula policial, y también desde las autoridades del hospital, quienes deberán aclarar por qué los médicos no dejan constancia de las lesiones que padecen los chicos que son llevados a revisar.
Estas lesiones que para el médico de guardia no existen, en algunos casos han sido luego verificadas o por el médico forense del Poder Judicial, o por médicos privados, e incluso por otros médicos del hospital a quienes las familiares recurrieron con posterioridad.
El denominador común entre los presentes fue el temor, entre los denunciantes por las posibles represalias, ya que actualmente los policías acusados rondan por sus casas particulares, según expresaron; y además se agrega el temor de la población en general que, dadas estas circunstancias, hoy recomienda a sus hijos no tanto precauciones por las «patotas» sino por los policías que se encuentren de ronda y que en función de su humor puedan dar rienda suelta a estas prácticas donde los más débiles pagan las consecuencias.
Desde la ONG PODEPU se pidió que se realicen estudios psiquiátricos a los agentes, puesto que están enfermos y «cebados por la impunidad». Una de las mamás presentes aseguró que «salen de cacería los fines de semana, una cacería que comienza la noche del viernes y termina en la madrugada del lunes».
Una de los datos más escalofriantes fue la naturalidad con que los jóvenes relataron la tortura policial como una práctica habitual, las golpizas y redadas como algo que siempre le toca a alguno de sus pares, los ‘paseos’ al Cabo Domingo donde los chicos son golpeados, torturados y «conocen al hombre del polietileno», encargado de asfixiar a la ocasional víctima con una bolsa de plástico mientras reciben golpes de otros policías.
La represión y las torturas también se darían dentro de las dependencias policiales, de acuerdo al relato de los chicos apresados y la razón por la cual recién se revela esta situación como una práctica radica en las amenazas a familiares y a las propias víctimas que coronan estos «encuentros», con el fin de que no se llegue a denunciar ninguno de los hechos.
Los mismos policías, en estos relatos, utilizan como parte de sus amenazas que «van a terminar igual que Vouillez», en referencia a Oscar Vouillez, un caso donde la familia no duda en señalar a los autores, en cada marcha.
En razón de su extensión, sintetizamos las prácticas de tortura con algunos denominadores comunes a los casos expuestos: el uso del «gas pimienta», que se echa sobre los ojos y dentro de la boca, para cegarlos e impedir que puedan identificar a los agresores; la inexistencia de policías con chapa identificatoria, la cual se quitarían con el mismo fin de evitar su reconocimiento; los simulacros de disparos, por los cuales se amartillan las armas sobre las cabezas de los jóvenes, o se juega a la «ruleta rusa», disparándoles sin balas mientras se los «pasea» por la ciudad dentro de los móviles oficiales; las patadas que han dejado marcas de borceguíes en el cuerpo, los golpes con los bastones, en genitales, en rostro y cuerpo; las amenazas de violación a los varones y el manoseo; todo, mientras se los mantiene esposados y cegados por el gas, y se profiere todo tipo de insultos de acuerdo al barrio de donde procedan o a su aspecto físico.
Durante el encuentro se aportaron nombres y apellidos de algunos agentes involucrados, aunque en general se planteó la dificultad de reconocimiento por esta metodología de «cegar» a los torturados.
Por esta razón el Ministro de Gobierno, Enrique Vallejos deberá comparecer ante la legislatura la semana próxima desde donde ya solicito se termine con la utilización del gas pimienta implementado durante el gobierno de Carlos Manfredotti, como así tambien la modalidad represora y de provocación permanente, llegando a señalarse a algunos jóvenes como vestidos de delincuentes, frase que hizo celebre el ex comisario Gustavo Penza.
Cabe señalar que este grupo de policías que actúa de esta manera, son en su mayoría egresados de la escuela de policía de la gestión Manfredotti y la mayoría de ellos han sido identificados por muchos jóvenes, como “ex tortugas niegas, los de los escudos, trajes camuflados, cascos y todo tipo de elementos de defensa incluidos los famosos cuchillos tipo Rambo. Algunos de ellos reciben el mote de «miro,miro», debido a que toman fotografías, y según sus testimonios hasta filman todos los movimientos de cuanto joven esta en la calle. El código de procedimientos policiales data de 1958 y dentro de el hay un articulo donde se menciona «el merodeo», basados en esta norma, la policía puede llevarse detenido o demorar por horas a cualquier persona que ellos consideren en actitud sospechosa, aun sin orden de un juez.
La situación genero que un concejal de Rio Grande elevara una minuta de comunicación a la legislatura para que se ponga fin a esta situación de absoluto abuso de poder, que pone en un mismo nivel a quienes delinquen y a quines no, con el peligro que eso significa para la seguridad tanto de uno como de otros.
Fuente: Sur 54 y datos aportados a la licuadora.
"Salen de cacería el fin de semana": Denuncian la "represión policial" a jóvenes en Río Grande
Respecto de este tema desde este portal hemos venido denunciando actitudes de este tipo, uno de los casos fue el del operador del programa La Licuadora, atrapado sin motivo alguno a la salida de un Púb., esposado con precintos de plástico en lugar de esposas, arrojado dentro de la famosa camioneta 101, donde luego de arrojarle gas en el rostro, lo golpearon de forma brutal, este caso al igual que de los jóvenes atados con cables sobre bancos de madera y que fuera publicada por el diario Prensa, a los que se suma provocaciones permanentes de algunos agentes de la policía hacia jóvenes por el solo hecho de estar reunidos en una esquina, se repiten todas las noches. Policías de civil en autos particulares sin patente, persecuciones dentro de los patios internos, golpes a jóvenes alcoholizados que no pueden ni mantenerse en pie, o esperar jóvenes a la salida de cumpleaños o fiestas privadas para detenerlos sin ningún motivo, tambien fueron denunciados por este medio, como detenciones inexplicables y todo tipo de arbitrariedades, son moneda corriente y por esta razón se citará a responsables políticos, cúpula policial y autoridades de Salud y fue expuesta en una reunión de legisladores, solicitada por un grupo de padres de chicos golpeados cuando celebraban el día del amigo en un salón de la Margen Sur. Las cinco denuncias radicadas ante la Fiscalía penal por este caso, fueron disparadores de otros testimonios que sumaron jóvenes, adultos y padres de jóvenes agredidos por policías en distintas oportunidades, estos policias tampoco portan chapa identificatoria.
