El plan era sencillo y prometedor. Estudiar, conocer otro país y ampliar horizontes. Pero el recorrido de Gianni Dante Bettiga, oriundo de Tierra del Fuego, terminó desviándose hacia un escenario impensado. El joven patagónico, que había viajado a Rusia con una visa de estudiante, desapareció tras ser enviado a una región en conflicto armado. Desde Ushuaia, su padre reconstruye una historia marcada por la confusión, la desesperación y una búsqueda incansable para saber si su hijo está vivo.
Gianni llegó a Rusia en febrero de 2025, atraído por la posibilidad de aprender el idioma y sumergirse en su cultura. Se inscribió en la Universidad de Ekaterimburgo, a más de 1.600 kilómetros de Moscú, donde permaneció varios meses con una visa vigente hasta noviembre. Todo parecía transcurrir dentro de lo previsto.
Con la intención de extender su estadía, surgió una alternativa inesperada. Dos conocidos sudamericanos le propusieron anotarse en una empresa privada que reclutaba extranjeros y ofrecía un permiso de residencia. Gianni aceptó con una condición clara: no participar de acciones militares ni integrarse al ejército en combate. Le aseguraron que se trataba de tareas administrativas.

El contrato estaba escrito en cirílico (el sistema de letras que se usa en Rusia). Lo firmó con dudas. Luego descubrió que el compromiso no era por un año, sino por tres. A partir de allí, su vida dio un giro abrupto: entrenamiento militar cerca de Moscú y, poco después, traslado a Donetsk, territorio ucraniano bajo control ruso.
“QUIERO VOLVER A LA ARGENTINA”: EL ÚLTIMO MENSAJE Y EL SILENCIO
El último contacto con su familia fue el 27 de octubre. “Hace 65 días que no hablo con Gianni, no sé nada de mi hijo. Exactamente desde el 27 de octubre”, contó su padre, Juan Bettiga.
“Lo último que supe fue ese mensaje que se hizo público y que él me mandó por WhatsApp: ‘Estoy en el frente de batalla. Quiero volver a la Argentina pase lo que pase. Ya no me interesa este país. Por favor, hagan algo para sacarme de acá. Te amo, pa’’.
Desde entonces, el silencio. “Mi hijo vivió toda la vida en Ushuaia, no tiene nada que ver con la vida militar, nunca portó un arma en su vida. No podemos creer que esta situación no tenga solución… Lo mandaron a morir”, remarcó Bettiga.

Investigando por su cuenta, asegura haber recibido una noticia devastadora: “Estuve averiguando por mis propios medios, moviendo cielo, tierra y María Santísima, y me confirmaron que la unidad a la que pertenecía mi hijo está desaparecida desde el 2 de noviembre. No se sabe absolutamente nada: si cayó en combate o si los tomaron de rehenes. Gianni está preso o está muerto. Esas son las dos alternativas”.
A pesar del escenario, mantiene una convicción íntima. “Lo siento en algún lado de mi ser que Gianni está vivo. Que esté preso, en manos del Ejército ucraniano, es lo mejor que podría pasarle en este contexto espantoso”, resaltó.
GESTIONES, CONTACTOS Y UNA ESPERA ANGUSTIANTE
Convencido de que su hijo está en Donetsk, Juan activó contactos en el Vaticano, la Cruz Roja Internacional y hasta logró comunicarse con un comandante ruso. “Nadie hizo prácticamente nada por ayudar a mi hijo, que es ciudadano argentino, que se fue a Rusia y está en Ucrania contra su voluntad y pidiendo ayuda”, dijo en forma de crítica.
Mientras espera novedades de una misión humanitaria de la Cruz Roja, Bettiga sostiene un ritual cotidiano. “Le escribo constantemente y le digo que lo amo mucho, que lo extraño intensamente, que sigo sus pasos, que pronto estaremos juntos y que toda esta pesadilla será sólo un mal recuerdo”. Entre mensajes y recuerdos compartidos, la esperanza se mantiene como último refugio frente a una ausencia que duele cada día.
