Tiburones, rayas y quimeras: la expedición que abre el mapa marino en Tierra del Fuego

Tierra del Fuego 12/03/2026.- Un proyecto científico comenzó a relevar información sobre condrictios en la Isla. El objetivo es saber qué especies hay en la costa atlántica para entender su estado de conservación y su manejo.

Durante enero y febrero, un equipo de científicos integrado por el CADIC y la fundación Por el Mar hicieron un relevamiento sobre tiburones, rayas y quimeras y su relación con los bosques de macroalgas. “Los resultados fueron realmente muy alentadores”, detalló  Matías Delpiani, biólogo marino del Laboratorio de Ecología, Fisiología y Evolución de Organismos Acuáticos del CADIC/ICPA-UNTDF. En las campañas se registraron dos especies de tiburones (cazón espinoso y tiburón pintarroja), dos especies de rayas (raya hocicuda y raya marmolada) y una quimera, el pez gallo. “Este hallazgo es muy importante porque se trata de las primeras capturas costeras realizadas con fines de investigación en esta zona”, subrayó.

 

Por otro lado, Ramiro Braga, biólogo de la fundación Por el Mar explicó: “El objetivo de esta campaña fue comenzar a registrar la diversidad de condrictios con especial énfasis en los especímenes asociadas a los bosques de algas gigante Macrocystis pyrifera del intermareal y sus alrededores. En conservación hay una premisa clara: no se puede proteger lo que no se conoce”, agregó.

 

Un dato llamativo apareció enseguida y abrió nuevas preguntas: “todos los ejemplares capturados corresponden a hembras”, señaló Delpiani. Con las muestras que se están analizando junto al CADIC, el equipo busca reconstruir aspectos básicos de su historia de vida en la isla: cómo usan el hábitat, si podrían existir zonas de cría, de qué se alimentan, en qué estadio reproductivo se encuentran y cuál es la proporción de machos y hembras en estas poblaciones.

 

Ese conocimiento es relevante porque los tiburones cumplen un rol ecológico central. Delpiani explicó que actúan como “depredadores tope o mesodepredadores”, regulando poblaciones y sosteniendo el equilibrio de las redes tróficas. Pero también remarcó que son animales especialmente vulnerables: “las mayores amenazas son la sobrepesca y la pesca incidental”, y recordó que “crecen lentamente, maduran tarde y tienen pocas crías”, lo que dificulta su recuperación cuando la presión de captura es alta.

 

Para armar la campaña, el equipo se apoyó en la experiencia de pescadores artesanales y deportivos de la zona. “Nos ayudó enormemente la información brindada por pescadores. Ellos conocen estos ambientes como la palma de su mano. Son actores esenciales y de gran ayuda para nuestras investigaciones”, contó Braga. A partir de esos datos, pudieron definir puntos de muestreo, momentos de trabajo y organizar dos campaña científica con información local concreta, algo especialmente valioso en un tema con tan pocos antecedentes en la isla.

 

El trabajo de campo también exigió adaptarse a las condiciones propias de esa costa. A diferencia del Canal Beagle, en el Atlántico fueguino hay una amplitud de marea muy grande y una fuerte predominancia de vientos, por lo que el operativo estuvo en gran medida condicionado por el régimen de mareas. “Debíamos calar las artes de pesca durante la marea baja para que luego trabajaran con la marea alta”, detalló Ramiro Braga, y señaló que se trata de un ambiente de mar abierto, más energético, donde no se navega con la misma frecuencia que en el canal.

Braga también destacó la importancia de comprender estas especies en Tierra del Fuego considerando que el vínculo con el mar es, al mismo tiempo, social y económico. “La pesca artesanal es mucho más que un oficio: es el sustento de numerosas familias y una actividad profundamente ligada a la historia de las comunidades costeras”, señaló. En ese marco, subrayó el rol clave que pueden tener los pescadores en la generación de conocimiento sobre tiburones, rayas y quimeras. A partir de su experiencia cotidiana en el mar, pueden aportar información valiosa para mejorar el registro de capturas, reconocer las especies presentes y colaborar en el cuidado de aquellas más sensibles. “El trabajo conjunto entre pescadores e investigadores permite avanzar hacia un mejor entendimiento del ecosistema marino y pensar estrategias que acompañen tanto la conservación como la continuidad de esta actividad histórica”, explicó.

 

La expedición es apenas un primer paso. En una isla donde todavía hay más preguntas que respuestas con respecto a los condrictios, cada registro suma una pieza para comprender cómo funcionan estos ecosistemas. “Empezar a conocer qué especies habitan estos ambientes y cómo los utilizan es la base para cualquier estrategia de conservación”, coinciden los investigadores.

Fuente. Agencia El Rompehielos

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