El derecho a la privacidad

Sab 02/11/13 112:00 hs.-Por más razones de Estado y de seguridad nacional que se esgriman, dirigentes y ciudadanos no deben resignarse a ser escuchados y espiados por los servicios de inteligencia de ningún país.

En los tiempos que corren, cualquier discusión, por seria que parezca, pierde toda entidad en cuanto se la manosea un poco. Y si lo dicho genera dudas, puede revisarse el caso gravísimo de las denuncias por el espionaje estadounidense a casi todo el mundo, incluido el Vaticano.

De acusador a acusado, Washington ahora señala a sus denunciantes por practicar ellos lo mismo que cuestionan.

No se trata de algo trivial: las escuchas telefónicas, lecturas de correos y acceso a toda forma de comunicación de organismos y particulares por parte de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por su sigla en inglés) y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos han alcanzado a países como Brasil y a aliados de la magnitud de Alemania.

Todo ello corrobora que en esta era nadie está fuera de alcance de los servicios de inteligencia, y así se vuelve desesperadamente real la premonitoria película La conversación, de Francis Ford Coppola, estrenada a principios de la década de 1970. Sólo en España, se auscultaron 60 mil llamados telefónicos en 30 días, dato que otorga al asunto un volumen apocalíptico.

Las consecuencias de estas revelaciones apenas han comenzado: la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, suspendió un viaje que tenía programado a los Estados Unidos y canceló un contrato de compra de aviones de combate, amén de los reclamos para nada discretos de la canciller alemana, Angela Merkel, y los pronunciamientos de organismos de las Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

De forma paralela, el titular de la NSA, general Keith Alexander, declaraba que buena parte de los datos recogidos habían sido aportados por sus socios extranjeros, y James Clapper, director nacional de Inteligencia, afirmaba que se trataba de acciones legítimas y dentro de la ley.

Convertido en un tembladeral, el conflicto muestra a un Barack Obama incapacitado para controlar al monstruoso sistema que se moviliza en los márgenes de la Casa Blanca y que parece haber adquirido una vida propia, independiente de la voluntad política de su mandatario.

Mientras se desarrolla ese escándalo de proporciones internacionales, en otras latitudes, los ciudadanos argentinos esperan una explicación sobre el lamentable Proyecto X pergeñado por la Gendarmería en la era de Nilda Garré, en abierta violación de toda normativa conocida. Para beneficio de sus responsables, el asunto ya fue cubierto por la abundante hojarasca mediática que no deja tiempo de reparar en la magnitud de los males que nos aquejan.

Tanto aquí como allá, lo peor que pueden hacer dirigentes y ciudadanos comprometidos con el derecho a la privacidad es resignarse a ser escuchados y espiados, por más razones de Estado y de seguridad nacional que se esgriman.

Fuente:lavoz.com.ar

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