El kirchnerismo lo hizo una vez más: una buena bandera, un valor incuestionable en el que todo el arco político se pondría de acuerdo de forma unánime, encierra, en realidad, una arbitrariedad superlativa, pues se busca beneficiar a quienes apoyan al Gobierno nacional.
El nuevo ejemplo de esta conducta, cultivada con esmero y perseverancia a lo largo de todos estos años en el poder, es el aumento de un 35 por ciento en los fondos destinados a las universidades nacionales en el Presupuesto 2014.
Las universidades grandes y tradicionales recibirán un poco menos: la de Buenos Aires, un 32 por ciento; la de Córdoba, un 33 por ciento; la de La Plata, un 34 por ciento.
Más allá de que la exrectora Carolina Scotto sea candidata a diputada por el kirchnerismo, no puede decirse que la Universidad Nacional de Córdoba esté, como tal, alineada con el oficialismo. Porque si lo fuera, recibiría el año próximo muchísimo más dinero.
Y es aquí donde aflora, una vez más, como en tantas otras oportunidades, la parcialidad de la caja kirchnerista: sólo le da plata a quien le asegura su apoyo; y si tiene que repartir entre un conjunto de iguales un monto equis de dinero, a los que considera tropa propia les aumenta considerablemente su cuota parte.
Universidades medianas y con cierta trayectoria, como Quilmes y San Martín, recibirán, respectivamente, aumentos del 44 y del 46 por ciento. Las más recientes, y un tanto desconocidas, Arturo Jauretche y José C. Paz, creadas en 2009, han conseguido aumentos del 70 y del 177 por ciento. Con todo, el premio mayor lo obtuvo la Universidad de Villa Mercedes, San Luis, también creada en 2009, cuyo presupuesto aumentará, entre este año y el que viene, 14 veces.
La entrega de importantes partidas presupuestarias, por supuesto, es el principio y no el fin del problema. Porque, como ha advertido en varios informes la Auditoría General de la Nación, una cosa es la autarquía y la autonomía de las universidades y otra muy distinta la larga lista de irregularidades detectadas en las unidades académicas analizadas en los últimos años: compras sin precio de referencia; gastos sin la correspondiente autorización del máximo responsable del área en cuestión; sueldos que no coinciden con los vigentes; y numerosos y multimillonarios contratos con diferentes reparticiones de la administración pública nacional con los objetivos más diversos y difusos que se pueda imaginar, todo lo cual –como se puede sospechar sin el mayor esfuerzo–abre las puertas a la corrupción.
En otras palabras, el kirchnerismo ha aumentado la torta a repartir entre las universidades, pero se ha reservado las mejores porciones para aquellas unidades académicas que, más temprano que tarde, y sin oponer resistencia, se prestarán a dudosas maniobras de supuesta cooperación con el Estado.
Fuente:lavoz.com.ar
