El hombre de los récords

Mart 17/09/13 09:08 hs.-El sábado, en Mendoza, el ex líder de los Redonditos de Ricota dio un show ante 120 mil personas, en lo que fue el concierto de rock nacional con más entradas vendidas de la historia.

Tras pasar el 2012 alejado de los escenarios, Carlos Alberto “Indio” Solari aprovechó su fecha debut del sábado en la provincia de Mendoza para agregarle una página más a su leyenda. Porque más allá de las bajas temperaturas (y posterior caída de aguanieve) y de un sonido deficiente, la historia dirá que el Autódromo Jorge Angel Pena, ubicado en la ciudad de San Martín, a 40 kilómetros de la capital provincial, albergó, hasta el día de la fecha y con un récord de 120 mil tickets vendidos, el show más convocante de la historia del rock nacional.

Minutos antes de las diez de la noche comenzaron a sonar los primeros acordes de parte de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, quienes aparecieron en el escenario en simultáneo a su líder. Pantalón claro, buzo negro con estampado alusivo a los ingleses de The Who y un gorrito de aviador fue el look elegido por Solari para pasar la noche. Sin embargo, la historia había comenzado mucho antes. Una catarata de micros, de carpas y de gente inundó todos los alrededores del autódromo desde la semana anterior, cuestión que superó las expectativas que tenían los organizadores al momento de anunciar el show y que obligó a cambiar la sede del mismo en dos oportunidades, pasando del Estadio Mundialista al Hipódromo de Godoy Cruz y, finalmente, quedando el autódromo como mejor opción.

“Redondos no lo pienses más, si vas a tocar a la Luna, la Luna la vamo’ a copar”, desafiaban los asistentes a la misa india desde todos los rincones del embarrado autódromo. Y el canto resulta certero, porque si hay una razón por la cual resulte apto comparar un show musical a una celebración religiosa, esa razón se resume sólo en la enorme fidelidad de sus seguidores, quienes además aprovecharon la movida para recolectar alimentos y pañales para los más necesitados de la región. Desde Buenos Aires, Santa Fe, Neuquén, La Pampa, Jujuy… en fin, desde todos los puntos del país. De todos los equipos de fútbol, de todas las tribus urbanas. Todos disfrutaron de una jornada sin incidentes, algo que preocupaba a los vecinos de la zona. Incluso, por el constante ingreso de gente al predio (con varios colados de último momento) y los embotellamientos kilométricos para entrar a la ciudad, dio la sensación de que el número de asistentes fue aun mayor al declarado por fuentes oficiales.

“Por ahí andan diciendo que nunca tanta gente pagó por un ir a un recital como el de hoy. Estoy muy emocionado”, dio la bienvenida Solari, quien se encargó de devolver gentilezas a su gente a través de una lista de temas muy especial. Abrió el show con dos temas de los Redondos, Luzbelito y las sirenas y El Templo de Momo, algo que no sucedía desde hace años. “Desde enfrente me viene una ráfaga de viento que me congela la lengua. No sé cómo hacen para mover los dedos los guitarristas”, se quejó sobre la temperatura bajo cero del lugar. El frío, acompañado por una ligera llovizna, fue uno de los grandes enemigos de la noche. Incluso hubo unos cuantos que no resistieron a las bajas temperaturas y se retiraron mucho antes del final del show.

Tras calentar la garganta con Ceremonia en la tormenta y Torito es muerto, Solari levantó la primera gran ovación de la noche con Todo preso es político y La hija del fletero. Las canciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota provocan los momentos en los que el público más se entusiasma, canta y baila, algo que no sucede en igual medida cuando le toca repasar su etapa posterior. En total fueron 26 canciones: 16 de los Redondos y 10 de su obra “fundamentalista”. Ya no hay rastro de aquel público de estirpe bohemia que acompañaba al grupo en sus comienzos, a finales de los años ‘70 y principios de los ‘80. Sin embargo, las nuevas generaciones de jóvenes que se acercan por gusto, curiosidad o como un simple acto de rebeldía, sigue reclamando y añorando por las buenas viejas épocas de Skay Beilinson y compañía.

Lo que sí resultó una constante a lo largo del show fueron los problemas de sonido, que provocaron un molesto eco y de a ratos dejaron expuesta la entonación del Indio. Ese deberá ser el principal punto a revisar teniendo en cuenta que en diciembre, aún sin fecha ni lugar confirmados, habrá una nueva misa india.

La seguidilla de canciones continuó con El tesoro de los inocentes, Siempre pedía temas en la radio, El arte del buen comer, Vuelo a Sidney, Buscapina, Gualicho, Yo caníbal (entre los más celebrados y coreados por el público), Blues de la libertad, Murga de la virgencita, Vino Mariani, Pabellón séptimo y To beef or not to beef.

Tras un parate para limpiar el escenario a causa de la lluvia, llegó el esperadísimo final. Porque fue Pablo Sbaraglia, tecladista de la banda, quien en la semana anunció por Radio Universidad que tocarían temas que nunca antes habían hecho en vivo. Y descartada por el mismísimo Indio la versión de que presentarían alguna pieza del próximo material discográfico, todos los cañones apuntaron a clásicos añejos como Motor psico o La bestia pop. Finalmente, el preludio del cierre llegó con Angel de la soledad, Rock para el negro Atila, Divina TV Führer, Todos a los botes, Mariposa Pontiac y El pibe de los astilleros.

“No me queda más que decirles gracias”, adelantó la despedida, dejando afuera Tatuaje (que formaba parte de la lista de temas original), y preparándose para dar paso a la tríada explosiva: Juguetes perdidos, Flight 956 y Jijiji con el mencionadísimo pogo más grande del mundo y una dedicatoria especial. Porque aprovechando que la señal de cable TN estaba transmitiendo en vivo ese último tema, el Indio gritó “seis, siete, ocho” en alusión al programa oficialista de la Televisión Pública.

Así, medido en términos cuantitativos, el sábado arrojó como resultado un show que quedará en la historia por su masividad. ¿Y ahora qué? ¿Habrá una convocatoria mayor? ¿Hay estructura suficiente para soportar tanta pasión? Preguntas que quedan en el aire y que sólo el Indio y su gente podrán contestar.

Fuente:clarin

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