Un par de días fríos en una amplia región del país fueron suficientes para que la crisis energética quedara, una vez más, en evidencia. En el Litoral, Cuyo y la zona central, numerosas industrias dejaron de ser abastecidas de gas, con el argumento de que se debía dar prioridad al consumo domiciliario. Lo mismo sucedió en más del 10 por ciento de las estaciones de servicio que expenden gas natural comprimido (GNC) y a las cuales, como tienen “contratos interrumpibles”, la distribuidora puede cortarles el suministro de manera unilateral.
Ante los reclamos generalizados de la ciudadanía y de los empresarios afectados, distintas voces del Gobierno nacional salieron a desacreditar las críticas, con el curioso argumento de que no podía hablarse de crisis energética cuando el sistema había permitido abastecer un pico récord de consumo. Una vez más, el oficialismo ha preferido imponer a la sociedad sus propias e insostenibles palabras en vez de aceptar la cruda realidad.
El consumo récord de gas se habría alcanzado si al aumento de la demanda domiciliaria no se lo hubiera cubierto con la reducción casi a cero de la cuota destinada a la industria y a los automóviles. Dicho de otra manera, la realidad es que si consumimos más de una determinada cantidad de gas en nuestras casas, los argentinos nos vemos condenados a no tener gas para trabajar en las fábricas o a hacer andar nuestros vehículos, que también en no pocas oportunidades son una herramienta o una fuente de trabajo.
Esto significa, además, que es casi imposible aumentar la red de gas natural, que se sabe que deja a amplios sectores del territorio nacional sin cobertura. A propósito, también en estos días se ha visto que el mercado de la garrafa no estaba preparado para un incremento de la demanda.
Algo semejante puede decirse sobre la electricidad, aunque en este caso los problemas que genera el aumento del consumo son responsabilidad compartida entre el Gobierno nacional y cada provincia en particular. En Córdoba, los cortes de luz fueron una constante, tanto en la Capital como en distintos puntos del interior provincial, y en algunos municipios se tuvo que llegar al extremo de desconectar el alumbrado público, como si se viviese en un ambiente de seguridad tal que hiciese posible prescindir de la iluminación en las calles.
Mientras tanto, siguen aumentando los montos que la administración central tiene que destinar a la importación de petróleo y gas. Los números del primer cuatrimestre de este año demuestran que la importación de energía demandó un 33 por ciento más de dinero que el primer cuatrimestre del año pasado. Si se anualiza esa cifra, en todo 2013 se habrá importado energía por unos 14 mil millones de dólares. Así y todo, no nos alcanza, y si unos consumen más, otros deben sacrificar su cuota.
Fuente:lavoz.com.ar
