Trabajar los domingos

Sab 27/07/13 10:51 hs.-La iniciativa para regular el trabajo dominical en grandes superficies debe ser debatida en el marco de los derechos de los trabajadores, los intereses comerciales y los hábitos sociales.

Los temas no resueltos siempre vuelven a la consideración pública, como una especie de retorno de lo reprimido. Diez años atrás, la provincia de Córdoba asistió al inicio de una polémica apenas esbozada, polémica que, como suele suceder, fue enseguida desplazada por otras en la agenda política y mediática.
Hoy, la propuesta de regular el trabajo dominical en las grandes superficies reaparece con fuerza, cuando ya el peso de la realidad ha modificado totalmente el marco de la discusión. Tal vez por ello valdría la pena que ahora el debate de fondo sea zanjado, aunque más no fuera para que nuestra sociedad deje de plantearse problemas antiguos.
No son pocos los aspectos que deben considerarse al abordar la cuestión, sin eludir los intereses en juego, de gran magnitud, por cierto. Pero, centralmente, debería tenerse en cuenta el derecho inalienable de todo trabajador al descanso dominical, derecho vulnerado por las prácticas propias de las grandes superficies, que durante el feriado dominical facturan buena parte de sus ingresos.
La pregunta sería, entonces, ¿cómo conciliar el derecho de unos con los intereses económicos de los otros?
Por otra parte, quién podría negar que para una buena parte de los grupos familiares, las compras del domingo se han convertido en una suerte de paseo, modalidad cultural ya impuesta por las actuales condiciones de vida. Cuenta en este punto discutir el valor socializador que podría implicar la imagen de familias enteras lanzadas a un tour de compras en la única jornada que pueden compartir. Y esta faceta –materia para sociólogos– no es en absoluto menor.
No es menos cierto que los pequeños y medianos negocios no pueden competir con el volumen y la infraestructura de los malls y shoppings , con lo que el principio de la libre competencia semeja el encuentro entre un pigmeo y un gigante, fotografía esta que no podría figurar entre las más amables del sistema capitalista.
Pero ya es imposible avanzar en la dirección propuesta una década atrás, cuando se citaba el ejemplo francés en la materia: en el país galo, sencillamente no se trabaja los domingos, receta que hoy vulneraría los derechos de quienes años atrás se enmarcaron en reglas de juego que no se pueden cambiar sin producir enormes perjuicios que van más allá de la faz económica y que abarcan, también, hábitos sociales.
Planteadas así las cosas, no parece fácil encontrar una solución que satisfaga a todas las partes involucradas, pero lo peor que podría ocurrirnos sería que otra vez posterguemos el debate para resignarnos a verlo reaparecer dentro de unos años. Sin olvidar que, como en todo, el ejercicio de la democracia impone el reconocimiento de los derechos y la flexibilidad necesaria para que unos no tengan más que otros.

fuente:lavoz.com.ar

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