Lo más grave es que la juventud, la única reserva que tenemos para el cambio, se representa mejor con los movimientos territoriales, asambleas barriales, organizaciones no gubernamentales o simple grupo de amigos que hacen las veces de contención y de aglutinador de sus energías, mientras que los viejos militantes no logran sentirse identificados del todo con este proceso.
De allí la necesidad de replanearse al Peronismo, ya que es el único que podría encuadrarlos en un proyecto colectivo para un cambio revolucionario en vez de ser, para su imaginario, la cara visible de la dependencia actual del sistema neoliberal en, cuanto a los jóvenes, y un partido traicionado y abandonado a su suerte para las generaciones anteriores.
Todo este planteo no nace de la desesperanza del excluido sino de la presunción del militante derrotado, de aquel que tiene batallas perdidas pero una guerra por seguir. Y esa acción debe plantearse de forma positiva, altiva, convencidos de nuestros valores y nuestras valías para expresar lo profundo de nuestro sentir.
Es porque veo la necesidad de «reencontranos» con nuestro vocabulario y lenguaje como primer paso del reconocimiento de nuestra identidad y la primer herramienta del cambio revolucionario, el cual fue vaciado de contenido en estas décadas y al que debemos reconstruir yendo a lo básico de su acepción y de su sentido dentro del Peronismo.
Es tan difícil recuperar nuestros símbolos? Sí, en la medida que no transmitamos correctamente la centralidad de la política como factor de cambio.
Por eso cantar «la» marcha debe ser un hecho liberador y no una loza para sepultar las disidencias. Las 20 verdades deben ser revalorizadas para entender un cambio posible y no el pedido de recitado para marcar el «peronómetro».
Las imágenes de Perón y Eva deben servir para motivarnos al trabajo y no como estampitas iconográficas del lugar común argentino.
Pero eso sólo se da si es acompañado por una decisión política fuerte de «arriba» y de «abajo». De quienes pretenden conducir y de aquellos cuadros que intermediamos con la masa.
Del desencanto menemista a la desteñida esperanza K el único motor que puede potenciar esta etapa es reconocernos en el peronismo, con debate, reflexión y trabajo provincial concreto.
El planteo esta hecho, la realidad es la más elocuente de todas las razones, y esto se soluciona con un planteo político.
Sólo la política nos hace avanzar si estamos organizados y tenemos en claro el proyecto.
Hoy existe una posibilidad, hay un camino y hay voluntad, falta la mística, y eso lo da el Peronismo como respuesta válida. Eso da empuje y cohesión, y se obtiene compartiendo valores y encontrando ejemplos como materialización de esos valores.
Podemos plantear mil conferencias sobre lo «nacional» y quedar en un grupo selecto sin jugarse por una organización que nos trascienda o podemos hacer «basismo» sin darnos una estrategia realista de poder.
Ambas respuestas son bastardas con el destino nacional, estamos para más.
Estamos para replantear nuestro presente, para acompañar lo posible y lo mejor del momento, ya que este proyecto se plantea con todos los sectores pero teniendo en claro nuestra identidad cultural nacional y popular peronista.
Y con nuestra identidad firme estaremos capacitados para superar al enemigo, a aquel que busca dividirnos, fraccionarnos y marcarnos esta falsa antinomia que debilita al campo nacional y nos enfrenta entre compañeros.
Solo me resta decirte Suerte Compañera Virginia! La tarea que emprendiste no es fácil pero tampoco imposible, este viejo Peronista te estará acompañando.
MI PREGUNTA HOY A LOS COMPAÑEROS PERONISTAS ES: Pretendemos reanimar al PJ o enterrar este cadáver insepulto?
Lun 17/06/13 13:37 hs.-Y, en caso de darle un entierro de lujo, tal como pronosticaba Perón , tenemos estructurado al Movimiento nacional? Hay organizaciones que perfilan conducir este proceso? Los K Hasta ahora no ha podido o querido, esto es, la pretendida hegemonía política es a nivel personal no se traduce aún en organicidad política que daría paso a una etapa institucionalizada, tal como fue en el primer Peronismo donde los distintos grupos que apoyaban a Perón fueron encuadrado en el Movimiento lo cual, más allá de excesos e injusticias, sí dio marco a una organicidad útil para el avance del gobierno popular.
