El perro que se muerde la cola

Dom 16/06/13 15:29 hs.-Durante el intervalo entre elección y elección, los dirigentes se vuelven vanidosos, se declaran imbatibles, intentan alianzas egocéntricas. Esto, hasta que llegan los momentos de la verdad. Entonces, todo se reduce a nombres.

Incapaz de reivindicarse de sus propias limitaciones, la política se muerde la cola. En una espiral sin fin, regresa sobre los mismos vicios del pasado que le desgajaron buena parte de la credibilidad social.
Durante el intervalo entre elección y elección, los dirigentes se vuelven vanidosos, se declaran imbatibles, intentan alianzas egocéntricas.
En definitiva, se entronizan en el altar de una altivez injustificada.
Todo, hasta que llegan los momentos de la verdad. Entonces, naufragan las declamadas coincidencias ideológicas para construir una alianza permanente que asegure a los ciudadanos la previsión de tiempos felices por venir y que garantice el presente de las actuales generaciones y el futuro de las que vendrán, etcétera, etcétera.
El armado final queda atado a la conformación de las listas, una cuestión mucho más prosaica que aquella búsqueda de acuerdos para construir líneas de acción comunes.
Lo poco que hay de nuevo aparece rescatado de las afueras de los partidos. Y lo que sale de adentro es objeto de controversia, sin ser, tan siquiera, emergente de alguna milagrosa renovación interna.
De paseo por las bases. Un sobrevuelo por los principales cuarteles de la política cordobesa puede ofrecer una aproximación al escenario con el que se encontrarán los ciudadanos el 11 de agosto, cuando deban votar en las elecciones primarias abiertas obligatorias.
Unión por Córdoba. José Manuel de la Sota fracasó en su intento de sellar un acuerdo con Mauricio Macri. La jugada era a dos puntas: incorporar a Macri al armado nacional del peronismo disidente; de paso, sumar al PRO a la primaria del peronismo cordobés y, eventualmente, sumar en la boleta local al exárbitro Héctor Baldassi, la figura con la que el PRO llenó Córdoba de cartelería.
Antes del viaje del jueves a Buenos Aires, a horas de que se cerraran las alianzas, De la Sota consiguió incorporar a la retirada locutora Blanca Rossi, ex-Cadena 3, como segunda de Juan Schiaretti.
Es muy probable que la popularidad de Rossi termine siendo el ariete con el que el peronismo oficial intente trepanar la apatía social, en particular en los sectores medios de la sociedad.
“No tenga dudas de que la gente va a querer sacarse fotos con Blanquita, no con los otros candidatos”, evaluó un referente partidario, que vio con buenos ojos insertar en la boleta a una mujer conocida por fuera de la política.
De la Sota también sorprendió el viernes al anunciar que sumaba al extenista Agustín Calleri.
La tarea de Schiaretti será otra: enarbolar el más fuerte discurso que le sea posible en contra del kirchnerismo, al que De la Sota llamó a votar el domingo pasado, cuando ocupó varios minutos del horario central de la televisión, antes del inicio de Periodismo para Todos (el programa de Jorge Lanata) para declarar la resurrección del cordobesismo.
En el medio, no pasó inadvertido que en la alianza que lidera Unión por Córdoba se haya incluido a Primero la Gente, cuyo referente, Sebastián García Diaz, volvió al amparo del Gobierno provincial, al que hace poco cuestionó por no hacer nada en la lucha antidroga.
Por si fuera poco, García Díaz se queda con un cargo oficial y hace borrón y cuenta nueva de su terrible preocupación por la “favelización” de los barrios en esta Capital.
Unión Cívica Radical. Como siempre, nada de alianzas. Los radicales pa­recen haber asomado la cabeza a par­tir de algunas encuestas que –dicen– muestran buenas posibilidades para Oscar Aguad. Pero sectores internos insisten en que, según la Carta Or­gánica partidaria, este no podría as­pirar a un tercer período en el Parla­mento, pese a la interpretación favora­ble del Congreso Provincial.
El hecho de que las candidaturas aún no estén inscriptas deja por ahora la cuestión fuera de la Justicia. Sin embargo, la alternativa de ir a los Tribunales para reclamar es evaluada por grupos disidentes.
Los diálogos son febriles para evitar un mal trago apenas se registre la postulación o al momento de las inter­nas, cuando pueden plantear que debe exi­girse a Aguad obtener el 66 por cien­to de los votos para validar su candidatura. Los esfuerzos están dirigidos a mostrar un radicalismo unido, que emerja de los comicios parlamentarios como un espacio competitivo para intentar regresar algún día a la Gobernación.
Frente Progresista Cívico y Social. La conjunción del Frente Cívico (Luis Juez) y el Frente Amplio Progresista (Her­mes Binner) anotó una alianza que será encabezada por Ernesto Martínez, acom­pañado por una mujer del socialismo.
La decisión del riocuartense Roberto Birri de desistir de su candidatura abrió las puertas a una única lista que no tendrá adversarios en las primarias de agosto.
Este frente no contiene expresiones formales del radicalismo, a diferencia de lo que ocurre en Santa Fe (con la dupla que integran Binner y el titular nacional de la UCR, Mario Barletta) y en la provincia de Buenos Aires (Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín).
Frente para la Victoria. La visita de la Presidenta el próximo miércoles, para participar del acto central por los 400 años de la Universidad Nacional de Córdoba, será el puntapié inicial para una campaña en la que la exrectora Carolina Scotto y su lista serán, al parecer, las únicas voces para defender la gestión del Gobierno nacional frente al arco iris opositor.
El kirchnerismo cordobés tiene la particularidad de que su conformación surge de grupos políticos disímiles, pero no está permeado por La Cámpora, la organización que –desde las sombras y en silencio– lidera el hijo de la Presidenta, Máximo Kirchner.
Cómo se movilizará esta semana, para el acto de la UNC, será una forma de ver cuántos porotos están en cada uno de los platos que conforman el cristinismo.
Otras fuerzas se sienten en condiciones de sumarse a la pelea: Olga Riutort mantiene su acuerdo con el vecinalismo, lo que le permitirá anotarse sin necesidad de alianza alguna. Y el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT), que lideran caras ya conocidas de ese andarivel político: Liliana Olivero, Hernán Puddu y Eduardo Salas.
Apenas un repaso de fuerzas y nombres confirma que poco o nada nuevo hay bajo el sol de Córdoba.
Queda dicho: con sus propias limitaciones, la política se sigue mordiendo la cola.

Fuente:lavoz.com.ar

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