La soberanía de las islas Malvinas/Falklands es uno de los temas más álgidos para los habitantes de Argentina, el Reino Unido y las propias islas del Atlántico Sur.
A pocas semanas del 30 aniversario de la guerra entre Argentina y Gran Bretaña por las islas, el tema ha provocado ya numerosos incidentes y tensiones.
Tanto entre el gobierno argentino y el británico, lo que a su vez ha rociado de aspereza la visión de los isleños hacia sus vecinos argentinos en el continente sudamericano.
De ahí que el inédito debate radial y televisivo en vivo que efectuó la BBC entre isleños y argentinos tenía un desenlace incierto.
El programa World Have Your Say, de la BBC, reunió a unas 15 personas en un café en Buenos Aires y las conectó a través de un cámara digital con unos 10 isleños en un hotel de Port Stanley.
La conversación de dos horas fue rica en intercambio de pareceres, no escudó los temas espinosos y tuvo momentos catárticos para ambas partes.
Las reglas del juego eran que cada grupo se hiciese preguntas mutuamente a ver qué salía.
Soberanía
La primera pregunta marcó la seriedad del debate.
Liam, un habitante de Malvinas/Falklands, fue claro y tajante en lo que quería obtener del encuentro: ‘mi familia ha estado aquí durante 170 años, soy tan de este lugar como ustedes de Argentina. ¿Acaso puede reconocer esto?’.
‘Sí, hay familias que tienen hasta cinco generaciones en estas islas, pero provienen de una situación ilegal. Hubo una colonia argentina de gauchos en el lugar que fue expulsada inicialmente. Esa ilegalidad trasciende del principio de autodeterminación’, respondió Miguel, en Buenos Aires, un veterano de la guerra en 1982.
La soberanía de las islas y el principio de autodeterminación al que apelan los isleños fueron los pilares del debate.
Malvinenses o falklanders y argentinos intercambiaron argumentos históricos constantemente.
‘Hay una falla estructural en el reclamo de Argentina, y es que no hacen un reconocimiento de que hay una población que vive en estas islas, que tiene el derecho a la auto-determinación’, aseveró Lewis.
‘Pero es que Naciones Unidas define la autodeterminación para proteger a países que fueorn colonias o en riesgo de guerra. Este es un territorio disputado y ocupado por una población extranjera. Es contradictorio interpretar la autodeterminación así en este caso’, rebatió Andrés, en Buenos Aires.
Pero Andy, habitante de las islas, fue tajante ante posibles interpretaciones legales: ‘somos falklanders, decidimos ser británicos. Las agresiones de Argentina no nos harán cambiar de parecer’.
Confianza, o falta de la misma
Uno de los momentos más álgidos fue cuando los isleños expresaron su mayor preocupación sobre los argentinos en general.
‘No confiamos en ellos. Ya, en varias oportunidades, han faltado a su palabra. Para qué molestarnos a pensar en abrirnos a negociaciones de nuevo’, señaló Cathy.
Esta isleña, como varios de sus vecinos presentes, manifestaron su molestia no sólo por la invasión argentina en 1982 -que decidió un gobierno militar- si no además por la percepción de que los gobiernos argentinos no han cumplido lo prometido.
BBC Mundo
«Monumento que conmemora la guerra por el archipiélago.»
En especial está la referencia a un acuerdo entre Gran Bretaña, Argentina y los isleños, de 1999, en el que sólo se cumplió la iniciación de un vuelo entre Chile y Malvinas/Falklands, mientras que quedaron sin discutirse derechos de pesca y petróleo.
‘La confianza es algo que se gana con el tiempo. Hay muchos argentinos en que pueden confiar. Tenemos que interactuar más. pero si ustedes tienen esa predisposición todo es más difícil’, dijo Alejandro, un veterano argentino del conflicto bélico de hace 30 años.
‘Es que ya yo lo he visto todo. La confianza se rompió de manera grosera con la guerra en 1982’, le respondió Lewis.
En este punto del debate se conoció la noticia de que el gobierno argentino iniciaría acciones legales contra las petroleras en Malvinas/Falklands como parte de una estrategia de ‘defender nuestros recursos naturales’ (Ver recuadro).
Inmediatamente muchos isleños se tomaron de la novedad para justificar sus posturas.
‘Lo de Timerman (el canciller que hizo el anuncio) es un ejemplo más de por qué no se puede confiar’, terció Cathy.
‘Es triste ver que sólo nos ofrecen excusas para no acercarnos unos a otros’, le respondió Alejandro, el veterano de la guerra.
‘Sería ideal más bien encontrar razones para encontrarnos y volver a confiar’, apuntó.
Pero Samantha, una isleña, le replicó y de alguna forma hasta abrió una leve hendidura en la puerta: ‘aunque nuestra soberanía no puede ser objeto de discusión, si eso se respeta estamos abiertos a relaciones amigables con Argentina’.
‘Estamos más que dispuestos a recibir a los argentinos, si se dejan de querer tomar nuestro territorio’, la acompañó Stacey.
Atrincherados
Las discusiones entre ambos grupos permitieron que las partes afectadas por la disputa de soberanía escucharan de primera mano la opinión de los habitantes de cada lugar, sin la necesidad de que la información fuese filtrada por políticos, gobiernos o medios de comunicación.
Los isleños rebatieron constantemente cualquier cuestionamiento a su visión de soberanía. Los argentinos que participaron en el programa pidieron por sobre todo que se abriese una negociación o un diálogo.
‘Ustedes (los isleños) sólo hablan de un escenario. Pero ambas partes tenemos que dejar de pensar en la postura de cada quien y hablar juntos sobre un nuevo escenario’, señaló Mariana, en Buenos Aires.
‘Pero es que nosotros estamos felices como vivimos. No hay un reclamo válido para nosotros’, le replicó Pippa, desde Port Stanley.
Sin embargo, este experimento social también generó mensajes de recepción mutua entre los asistentes en ambos lugares.
Se intercambiaron invitaciones mutuas, siempre y cuando hubiese respeto por lo que pensase el otro.
Y el comentario que quizás logró mayor coincidencia en todo el debate provino de un joven estudiante de Malvinas/Falklands:
‘Ignoremos los que dice (David) Cameron, ignoremos lo que dice (Cristina Fernández de) Kirchner. Hablemos siempre de persona a persona. Ambos somos democracias. Hablemos directamente’.
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