Rio Grande es una ciudad que se elige, una ciudad por la que se opta o es la única opción de miles de habitantes que solo aquí encontraron la oportunidad de mejorar su calidad de vida, como ocurrió conmigo.
Ninguna otra ciudad de país nos dio la oportunidad que nos dio la del norte de la Isla, y llegamos como todos, con una mano atrás y otra adelante, una noche fe junio de 1987, con mucho frio, niebla y escarcha en los parabrisas de los taxis.
Ciudad de amigos nuevos, hermanos postizos y abuelos robados a los amigos, de tardes frías de charla y pan casero, de dulce de ruibarbo de marisqueadas en Punta Maria, de caminatas al Cabo Domingo, o visitas al ya desaparecido Puente Colgante, de salidas al campo y de vuelta al perro por la Av Perito Moreno, de noches movidas y amaneceres apacibles, familias del regunte y de los amigos del asado, del Gran Premio de la Hermandad y la Vuelta a la Tierra del Fuego en Moto, dos eventos deportivos que solo existen qui. De vigilia a los veteranos de Malvinas con miles de vecinos acompañando a los herores cada 2 de abril.


Las calles barrosas y semi oscuras, muchas de ellas de ripio, pero aun así esta ciudad fría y chata, como se decía entonces, nos abrió los brazos, nos acogió y nos retuvo para siempre, aquí casi todos formamos nuestra familia, nacieron nuestros hijos y tuvimos nuestra primera casa propia. La ciudad vivió a lo largo de su historia, distintas explosiones demográficas que alteraron su población como lo muestra su evolución en los distintos censos. Las razón del raudo crecimiento fue la migración interna desde el resto del país hacia la isla, en busca de trabajo dada la promulgación de la ley de Promoción Económica Nª 19.640 en 1972, año desde el cual se registra el explosivo crecimiento de la población, consecuencia de la instalación de fábricas en la ciudad; la expansión del turismo y el descubrimiento de nuevas áreas de explotación de hidrocarburos, provocaron que en la década de 1970 a 1980 casi se duplicara la población. Y en la década siguiente, entre 1980 a 1991 casi se triplicó. Sin embargo se inició a partir del censo 2001 una tendencia opuesta, debido a que el crecimiento es inferior a los censos de 1970, 1980 y 1991, dando un resultado favorable aún, pero contrario a las expectativas, efecto generado tal vez, entre otros factores, a la gran crisis argentina; falta de políticas de incentivo económicas; menores nacimientos; envejecimiento progresivo, caída de migración e inmigración; privatizaciones, entre otros factores. Aun así Río Grande continuaba siendo un polo de atracción laboral, y esto se acentuó aún más en los últimos años, con las nuevas políticas de crecimiento industrial, que llevaron a la recuperación económica, y que convierten a la ciudad en una de las pobladas del extremo austral, la más populosa de Tierra del Fuego (incluyendo la totalidad de la isla), superando aún a Ushuaia, la capital provincial.
Los intendentes que pasaron por ella y la convirtieron en lo que es con su trabajo fueron:
Período 12/09/69 al 24/05/73 – Néstor Nogar.
Período 25/05/73 al 23/03/76 – Alberto Vicente Ferrer.
Período 24/03/76 al 27/04/76 – Capitán de Corbeta J. Saralegui (Interventor)
Período 28/04/76 al 10/04/81 – Alberto Vicente Ferrer.
Período 10/04/81 al 09/02/83 – Juan Carlos Apolinaire.
Período 09/02/83 al 04/09/83 – Heraclio Lanza.
Período 04/09/83 al 11/12/83 – Lucio Marcolini.
Período 11/12/83 al 13/12/91 – Esteban Martínez (Partido Justicialista), único intendente nacido en Tierra del Fuego, primer mandatario en Democracia.[cita requerida]
Período 14/12/91 al 01/12/99 – Mario Jorge Colazo (Unión Cívica Radical).
Período 01/12/99 al 14/12/11 – Jorge Martín (Unión Cívica Radical).
Período 14/12/11 al 10/12/15 – Gustavo Melella (Unión Cívica Radical). Reelegido como intendente para el período 2015-2019 por Concentración política FORJA en elecciones democráticas el 21 de junio de 2015.
Quizá para todos tengamos un reclamo, pero de aquella colonia agrícola a hoy pasó mucha agua bajo el puente y cada uno de ellos sabrá con que cumplió y con que no.
Rio Grande nos enseñó a quienes las elegimos, primero a caminar sobre el hielo, después a conducir de nuevo sobre el hielo, nadie anda de manos en los bolsillos en invierno y tampoco en primavera y verano cuando soplan vientos de hasta 100 kilómetros por hora.
Rio Grande fu convirtiéndose en nuestra ciudad con los años, fue parte de nuestras tristezas y alegrías, renegamos de su clima pero después de un mes en otro lado queremos volver a los amaneceres inmensos y rojos como ninguno, o a sus atardeceres de postal en cualquier época del año.
Rio Grande es una ciudad industrial y para los que vinimos en los 80 su cambio fue realmente impresionante, de aquella aldea de 60 mil habitantes a esta ciudad con más de 120 almas moviéndose durante las 24 hs, aparecieron otros problemas, transito, estacionamiento, demanda de viviendas, de salud, de educación y la ciudad sigue creciendo y recibiendo gente de los cuatro puntos cardinales del país. Si es una ciudad cosmopolita, la ciudad industrial más austral de la argentina, donde aún se mezcla la electrónica con la producción ovina o vacuna, es la Capital Nacional de la Trucha y también la Capital Nacional de la Vigilia, una medalla que todos los riograndenses llevamos con orgullos en nuestro pecho.
Seguramente hay muchas cosas que mejorar y de echo cada uno de ustedes los sabe, no necesito remarcarlo una vez, pero por sobre todos los problemas se impone el amor por este pueblo grande que aún nos cobija a todos y nos dado la posibilidad de vivir mejor, de ser quienes somos y de identificarnos, con nuestra querida Rio Grande.
Feliz cumpleaños a mi ciudad, la que elegí hace 28 años y aún sigo eligiendo. Felicidades.
