Un estudio de redes sociales

Mierc 22/07/15 .- El concepto y la práctica del suicidio adquieren diversas manifestaciones y significación históricas de acuerdo a la sociedad(es) al que remiten. La categorización utilizada por Durkheim (1972) muestra un claro ejemplo de ello, en la que el fenómeno del suicidio varía en relación a los grados de integración y regulación sociales en diversos momentos de la Europa del siglo XIX. No obstante, estos niveles encuentran sustrato en prácticas concretas que cotidianamente dan sentido, contradicen o desgarran otro conjunto de acciones, normas, ideales, etc. que poseen un carácter ontológicamente significativo para los sujetos, y que paulatinamente convierten el acto del suicidio en una opción.

En nuestras sociedades modernas cierta modalidad del suicidio está vinculada a la barbarie generalizada que brota de ellas. No sólo la observamos en la guerra, la discriminación, la exclusión, sino la vemos también en el malestar individual generalizado. Así la depresión, la desesperanza, y el suicidio toman fuerza en un mundo donde no basta con el odio hacia los demás, sino que el mismo se vuelve contra el propio sujeto.
La investigación a la cual atañe esta reseña consistió en el análisis de la configuración del entramado de relaciones o redes sociales en cuatro adolescentes (Thorin, Ancalimë, Elessimë, Elanor) que han realizado tentativas de suicidio. El Análisis de
Redes Sociales se utilizó como el método para poder describir tanto la estructura como las funciones que cumplen estas redes sociales, al tiempo que se complementó con la reconstrucción de la experiencia social de cada uno de los casos, permitiendo visualizar los ambientes y la dinámica que figura como generadora de frustración y tensión individual, dinamizando a los
sujetos implicados en la trama.
A continuación una lectura de este mundo a través de los hallazgos, donde se destacan los rasgos que se articulan en lo que llamamos una dinámica de la desvinculación presente en las relaciones de los sujetos de investigación:

La dilución de la familia como horizonte moral a partir de la transformación de la estructura de interacción del grupo primario.
Uno de los aspectos generales que se encontró en los casos, consiste en cambios de orden estructural que afectan el funcionamiento histórico de la familia como red social. De esa manera, se presenta una nueva configuración que afecta el grado de regulación y la correlación de poder existente en esta red. En el sujeto I (Thorin) el re-asentamiento de una figura parental –
la madre- reconfigura el sistema normativo en un intento por devolverle –a ella- importancia en la red familiar. En el sujeto II (Ancalimë), la nueva función del padre genera un desgarramiento en la conformación de la red, al redefinirse la forma en que él se (des)vincula con el resto de la familia y entrando en una clara contradicción con la configuración anterior basada en la labor del cuido, y que posteriormente presenta un distanciamiento-acercamiento afectivo y normativo que deteriora cada vez más su figura como padre. En el sujeto genera el reclamo de la autoridad por los hermanos mayores, que a partir de este cambio estructural buscan regular la vida privada de ella, y en ciertos momentos hasta de su madre; el papel de centralidad
que ellos juegan en el proceso de integración de su hermana en las redes exteriores al ámbito familiar genera una sensación de fracaso social por la insatisfacción que genera la mediación de esos vínculos.
Por último, en el caso atípico del sujeto IV (Elanor) el nuevo tejido familiar no regula las pasiones individuales,vacío que se extiende con la inserción de la madre al mundo laboral en un intento por aumentar la calidad de vida la familia, y al mismo tiempo por el sistema de autorregulación que los padres –por convicción propia promueven en la crianza de sus hijos, y cuyos efectos Durkheim expresa de la siguiente manera “…los apetitos, al dejar de estar contenidos por una opinión desorientada, ya no saben donde están los límites ante los cuales deben detenerse. […] en ese caso, sus mismas exigencias hacen que resulte imposible satisfacerlas” (1972: 202).

Por lo tanto, si en el proceso de reformulación de las relaciones en el interior de la familia los nuevos contenidos de los vínculos no llegan a suplir las necesidades afectivas, de apoyo, contención y reconocimiento de los adolescentes, se favorece la
generación de situaciones en el seno del hogar que producen insatisfacción, al tiempo que crece la sensación de futilidad, angustia y enojo por parte de los mismos.

En los tres primeros casos se observan relaciones intrafamiliares donde pesa una actitud negativa y hostil entre ellos y los demás miembros, y –salvando las diferencias contextuales- donde imperan figuras, ya sea materna o paterna, que estimulan o están al margen del conflicto y el trato desigual entre los miembros del grupo familiar, comportamiento que viene intrínseco a la ausencia
o débil presencia de marcos normativos, causado y/o reforzado por padres que no logran de asumir posiciones claras y concretas ante los problemas diarios, al igual que responsabilidades. La red familiar no logra dar bases de apoyo, sino que obliga al sujeto a buscar seguridad y apoyo en otros grupos; en ese sentido la absorción de los momentos conflictivos en el seno familiar y la atmósfera que se genera en ella, lejos de reducir, refuerza la brecha generacional e invita a los jóvenes a buscar para su realización otras redes. Al final parece que estamos frente un grupo de individuos que no se identifican entre sí, donde los jóvenes definen sus relaciones en función de la desvinculación, pero aunque se perciban como seres aislados de los demás queda claro que ese distanciamiento esconde experiencias de dolor y frustración por el estado deteriorado de las relaciones en una red familiar que se encuentra desarticulada. La vinculación provoca dolor, y su antípoda el aplacamiento de la tensión, pero en su realización se encuentra a sí misma como desgarramiento. Al final, semejante retirada de la familia favorece la privatización de
los espacios de interacción.
En el cuarto caso, correspondiente a una red aparentemente armoniosa, se da un distanciamiento de la red familiar en la medida que la acción individual cada vez se legitima por encima de cualquier marco normativo, en medio del vacío que deja la incorporación de los dos padres al mundo laboral, y un método de crianza que se mantiene intacto y genera oposición, a
pesar de la nueva configuración de las relaciones. Se hace evidente una disolución de los horizontes entre lo que se puede o no hacer, aunque no responda directamente a las circunstancias de los otros casos,sino que esta vez la rutina determinada por el ritmo de vida laboral y los quehaceres del hogar terminan haciendo mella en las fuerzas físicas y psicológicas de las figuras parentales, hecho que al final recae en indeferencia familiar, en desentendimiento de la regulación moral, y en el desdibujamiento de sus horizontes.

En resumen, las nuevas configuraciones transitan entre normatividad e integración. Los cambios que inciden en la capacidad reguladora de las redes familiares pueden presentar dinámicas diferentes,pudiéndose identificar por un lado redes familiares
cuya capacidad de retención incuestionable (basadas principalmente en el control estricto de las relaciones y el no reconocimiento de los miembros subordinados como sujetos, condiciones visibles en el caso de Elessimë) se vuelve sofocante, mientras que en otras (Thorin, Ancalimë) la función de regulación provoca conflicto, cuando el marco normativo se reconfigura, se vuelve inconsistente y objeto de cuestionamientos.
Al final, el producto será el mismo, la asfixia del sujeto ante dos dinámicas reguladoras similares, aunque matizadas desde dos momentos distintos, uno en el esplendor de su rigurosidad, y otro, en el momento de su desplome.

Esta nueva configuración de las relaciones causa frustración e insatisfacción entre sus miembros, conflictos interminables, y un ambiente que lejos de brindar seguridad provoca tribulación y soledad.

La dinámica superficial y excluyente de las relaciones entre pares, y la insatisfacción que ellas provocan.
En los casos estudiados, el deterioro de los vínculos familiares supone una variación en la correlación de
poder que se despliega en ellas. En estas circunstancias, la configuración de las redes de compañeros y amigos
puede jugar un papel decisivo, en la medida que los contenidos que se transmiten ayuden al desarrollo de la
cooperación y solidaridad de los jóvenes y a reafirmarse socialmente mediante prácticas sociales satisfactorias,
que pueden basarse en el reconocimiento de sí mismos y su autonomía (Krauskopf: 1999), situación que
claramente no se logra en los casos estudiados.

Podríamos afirmar en este sentido lo mismo que Tübert con respecto a una determinación estructural ligada a estos intentos de suicidio, en lo referente a “…a la falta de un lugar en el cual el adolescente pueda definirse y reconocerse como sujeto, tanto en la familia como en la sociedad.” (1982: 102)

En las redes de pares estudiadas, las condiciones genealógicas de los marcos de acción y percepción transitan por derroteros similares. Aquí se destacan (a) los efectos de una dinámica familiar estresante quelleva a configurar dinámicas entre pares teniendo como un elemento motivacional el alivio de las tensiones familiares, (b) la construcción de un horizonte
completo como alternativa frente al ambivalente noreconocimiento del grupo familiar y su función
orientadora de las acciones individuales.

La naturaleza de la asociación con las redes

informales corresponde a dinámicas grupales que lejos de dar apoyo y reconocimiento, generan frustración por el predominio de prácticas basadas en la exaltación de la diferencia, la exclusión y la interacción superficial, que deviene en riesgo en tanto
no hay conciencia de la acción y sus consecuencias.
Esta frivolidad en las relaciones con otras redes y sus prácticas basadas en parte en la exaltación de aspectos discriminatorios de sus propios miembros o prácticas que por su edad son socialmente señaladas, difícilmente ofrecen condiciones de soporte ante
posibles cismas en la vida de estos jóvenes. Es interesante observar en estos jóvenes realizadores de tentativas de suicidio, un distanciamiento de aquéllos que constituyen sus lazos significativos, esta ambivalencia radicaba en la insatisfacción de las
formas de interacción, de los derroteros inesperados que las relaciones amistosas toman y de la sensación de no existir una dirección por dónde orientar mutuamente las acciones en el universo de identidades y horizontes morales. De esta forma las expectativas de red se truncan en la medida que los contenidos transmitidos en los vínculos no logran siquiera reproducir lejanamente la imagen edénica del pasado, es decir, la sensación de bienestar en el pasado idealizado frente a un presente que se muestra hostil.
Así, un campo donde el reconocimiento, la amistad y el control relativo de las relaciones se encuentra hipervalorado (como la única opción “razonable” de superar la angustia devenida del conflicto entre el ideal familiar y la práctica familiar concreta) en combinación con prácticas sociales insustanciales, cualquier signo de desbordamiento sistemático del sujeto por lo real
implica la anulación del mismo, de la misma manera que una casa construida sobre la duna de un desierto desaparece con la siguiente tormenta de arena.
No obstante, existe un caso particular donde siquiera se llega a eso, donde la excesiva regulación familiar frustra cualquier intento del sujeto de ligarse satisfactoriamente a los grupos de pares. Aquí la reconfiguración de las relaciones familiares no llega a provocar un despegue del campo familiar, donde el carácter excesivamente normativo de las relaciones amarra y coarta cualquier posibilidad de acción. En este caso no hay una autoridad deslegitimada, sino una autoridad que tensa los hilos y sofoca a sus miembros, inversamente en consonancia con la afirmación de Durkheim cuando escribe que “…cuando decimos que
es necesaria una autoridad para imponerlo a particulares, de ningún modo queremos decir que la violencia sea el solo medio de establecerlo […] más es preciso que ese poder sea obedecido por respeto y no por temor.”(1972: 201)

La centrífuga de la producción económica y la experiencia excluyente del consumo.
La incertidumbre y frugalidad económica presente en las familias, causa que el sistema productivo se guevara: Dinámica del suicidio en adolescentes…convierta en un factor activo a tomar en cuenta, sobre todo por su capacidad de transformar las relaciones familiares. El fenómeno de “abandono de la familia” comienza a gestarse con la salida de las figuras parentales de su casa, y que se traduce en situaciones vivencialmente difíciles para los miembros de la red familiar (Abandono, autoridad leslegitimada, ausencia de prácticas de cohesión, etc.) Esta experiencia subjetiva que se da en el entorno familiar y se extiende
en las relaciones con otras redes sociales queda disociada de las expectativas de vida de los jóvenes,aumentando la sensación de desconfianza social e inseguridad ontológica.
Ello se da un contexto socioeconómico que obliga a los padres y hasta a algunos de los hermanos a trabajar para suplir las necesidades básicas para la subsistencia, como se menciona en los casos de Thorin y Elessimë, y/o para poder tener más soltura económica como sucede con Ancalimë y Elanor respectivamente.
Ello tiene un efecto particularmente degenerativo en lo referente a los vínculos familiares, en la medida que la lucha por la subsistencia y un nivel de vida estable obliga a los padres y otros familiares a insertarse en condiciones productivas que en algunos casos toma un matiz sobre-explotador, descuidando inevitablemente la función orientadora y de apoyo hacia los hijos, y
hacia la dinámica de la familia como grupo, en otras palabras un fenómeno en el cual “la familia abandona a sus miembros” (Shorter, en Burin y Meler: 1998) . Así como en el siglo XIX el capitalismo industrial llegó a destrozar los lazos entre la familia y la comunidad, el contexto social y económico actual conduce al “desarraigo” de los miembros de la familia.
Esto nos lleva a retomar aunque sea superficialmente el papel del aspecto económico en relación a las formas de malestar individual donde sitúo al fenómeno del suicidio. El cumplimiento de las promesas de consumo que ofrece la sociedad y/o la búsqueda por mantener un nivel de vida medianamente digno obliga o supone una reconfiguración de las relaciones
familiares en la medida que la madre sale del hogar a trabajar, y la tensión entre el adolescente y las figuras parentales en tanto que se vive la realidad de la imposibilidad de participar “plenamente” en una economía de consumo.
La frustración que genera la sensación de fracaso o conflictividad en la vida general, tanto en los vínculos con la red familiar como en las relaciones con otras redes, y carencia de vínculos plenos en la acepción de Giddens, puede reforzar una tendencia importante de apuntar: la necesidad del consumo como fórmula de integración social y satisfacción individual. Bauman
explica que “las necesidades individuales de autonomía personal, definición propia, vida auténtica o perfección
de la persona se transforman en necesidad de poseer y consumir bienes ofrecidos por el mercado,” (Giddens,2000: 251) esto, ante lo que Marcuse definiría como el carácter totalitario de una administración represiva, donde “una industrialización más efectiva puede servir para la restricción y manipulación de las necesidades” (1969: 40), así se lograrían determinar los deseos de un individuo, envueltos en el marco mediático del mercado.
De forma constante y puntual, especialmente en los relatos de los padres y algunos de los amigos, se hace presente la exigencia de los jóvenes –en los tres primeros casos se da con especial fuerza- por satisfacer sus necesidades de consumo, al tiempo de un continuo reproche tanto a la familia como a la vida por su condición económica desfavorable. De esta manera suponemos que se busca mitigar el dolor mediante el consumo de bienes, y su posesión son sucedáneos de una auténtica satisfacción posible en otras condiciones.
Sin embargo, la realidad de la limitación y la exclusión potencian la insatisfacción, tanto de sus vidas como de su relación con las figuras parentales.

Para finalizar…

En Costa Rica, la reflexión sociológica en torno a las distintas manifestaciones del malestar social ha premiado ciertas discusiones de orden político, más palpable y tangible que el contorno borroso de la subjetividad, su conformación, y su deformación en un
marco de inseguridad y desesperanza. El objetivo de la reflexión presente es como aporte a futuras investigaciones en torno al fenómeno del suicidio, pues esta contribución es una mirada rápida detrás del velo del acto suicida. Actores, fenómenos y rdenes
instituidos como los medios de comunicación masiva, el orden económico, el consumo masivo, y sus implicaciones en la construcción de la subjetividad, la generación de malestar e insignificancia social, constituyen elementos de suma importancia que deben tomarse en cuenta. Así mismo, el abordaje conjunto de las Ciencias Sociales, especialmente en los efectos que la institucionalización de lo social desgarrado tiene sobre las estructuras psíquicas de los sujetos ampliaría los horizontes del
guevara: Dinámica del suicidio en adolescentes… conocimiento, permitiendo comprender y articular las principales interrogantes de ésta incógnita.
bibliografía
Mabel, Burin y Meler, Irene (1998). Género y Familia:
Poder, amor y sexualidad en la construcción de
la subjetividad, Buenos Aires, Editorial Paidós.
Tübert, Silvia (1982). La muerte y lo imaginario en la
adolescencia. Madrid, Saltés.
Krauskopf, D (1999). “El Desarrollo Psicológico en
la Adolescencia: Transformaciones en una Epoca
de Cambios” En Adolescencia y Salud,

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