En el Congreso de la Nación ya se han presentado varios proyectos para que las autoridades de la Casa de Moneda impriman billetes de mayor denominación. En muchos casos, la discusión gira en torno de si esa autorización debe incluir papel moneda con el valor de 200 o 500 pesos y sobre qué figura histórica debiera estar incluida en esos billetes.
Pero la discusión de fondo no es esa. La verdadera cuestión tiene que ver con la inflación, que desde 2006 supera los dos dígitos anuales y continúa su carrera ascendente. Los últimos datos de las consultoras privadas sugieren que la inflación de julio fue superior al dos por ciento, por lo que retomó con fuerza la senda alcista tras el congelamiento temporario de algunos productos.
Esto es preocupante, ya que esa alza proyecta una suba de precios de entre 25 y 28 por ciento anual, lo que coloca a la Argentina entre los países de mayor inflación en el mundo. Esto sucede en una aldea global donde las políticas económicas apuntan a controlar la inflación, como es el caso de Brasil, cuyas autoridades anunciaron que tomarán decisiones para evitar una espiral que termina afectando a los que menos tienen y a la población de ingresos fijos.
El gobierno de Cristina Fernández responde con otra política, en la cual 100 pesos ya resultan insuficientes para las compras o gastos cotidianos. Hoy, seis de cada 10 billetes que circulan poseen esa denominación.
Más allá de la cuestión de fondo, este hecho constituye un problema cotidiano cuando, por caso, se decide realizar una compra en el supermercado. Para pagarla, ya son necesarios varios billetes impresos con el rostro del general Julio Argentino Roca o de Eva Perón. No sólo es incómodo sino que configura un problema que afecta la seguridad de la persona que decide abonar en efectivo sus compras.
El Gobierno debe asumir sin falsos discursos la realidad que plantea la coyuntura y aceptar
la impresión de billetes de más alta denominación. Pero, y lo que es más importante, deberá reconocer que la elevada emisión para cubrir
los déficits del Tesoro nacional generan inflación en una economía que no puede responder a la mayor demanda.
Los argentinos se desprenden cada vez con mayor rapidez de esos papeles, como una forma de defenderse ante la pérdida de poder adquisitivo que genera una suba de precios descontrolada y permanente.
La discusión sobre la impresión de otros valores y cuáles próceres deben estar incluidos en su ilustración es secundaria ante las graves señales que está enviando la economía.
La inflación es la madre de las batallas que debe asumir la gestión de Cristina Fernández a partir de un gasto público que desborda los ingresos del Estado, pese a que la presión tributaria suma –mes a mes– récord tras récord.
Fuente:lavoz.com.ar
