Como ha sucedido con otros instrumentos de la vida institucional de la Argentina, la clase política ha tergiversado el uso de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso), que se realizan hoy en todo el país.
Esta metodología para consagrar los candidatos por quienes deberemos votar recién el 27 de octubre próximo, para elegir 127 diputados y 24 senadores nacionales, surgió como una alternativa válida para evitar la atomización de los partidos políticos en cada compulsa popular.
Sucede que la dirigencia partidaria no ha recuperado en su totalidad el prestigio que perdió en 2000-2001, cuando los representantes del pueblo no pudieron encontrar la forma de evitar una profunda crisis política y económica.
Los ciudadanos y sus conductores fueron emergiendo lentamente, sobre la base de los cambios producidos en los precios relativos, a partir de la revalorización a nivel global de las materias primas, y de un ordenamiento en el sector externo luego del default de la deuda.
Pero la recuperación de cierto bienestar económico no logró corregir las enormes desavenencias que existen entre los políticos, y de estos con la sociedad en general.
Por esa razón surgieron las Paso, como una forma de resolver las internas de cada agrupación a través de un solo acto electoral y con la posibilidad de que todos los ciudadanos participen en la elección de los postulantes de cada partido.
Los buenos ejemplos de esta práctica se cuentan con los dedos de una mano, a partir de las primarias de una alianza de centroizquierda (Unen) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y en Córdoba a través de las Paso en el peronismo, el radicalismo y Encuentro Vecinal Córdoba, que presentaron dos o más listas para la interna.
Esos ejemplos aislados no pueden ocultar, por caso, que en la provincia de Buenos Aires compiten varias listas independientes entre sí, pero que tienen un tronco común en el peronismo, tales las boletas que encabezan Sergio Massa, Martín Insaurralde, Francisco de Narváez y Gerónimo Venegas, entre los más destacados. Cada uno de ellos está al frente de una lista que no se somete a dirimir las diferencias internas bajo una misma agrupación. De ese modo, el objetivo de las Paso queda desvirtuado, porque no ha podido resolver la fragmentación de la mayor fuerza política en el distrito que concentra al 40 por ciento del electorado.
Tampoco los otros nucleamientos pueden anotarse para llevarse las palmas de honor, ya que en muchos casos presentaron listas únicas bajo la presión de los “aparatos” partidarios.
Más allá de estas situaciones, la ciudadanía debe concurrir en forma masiva a votar para darle legitimidad al mecanismo institucional elegido, al tiempo que servirá para refrendar las aspiraciones del postulante que finalmente resulte elegido para encabezar la boleta partidaria.
El mal uso de las primarias
Dom 11:08/13 07:51 hs.-La política ha tergiversado la utilización de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, las que deben ser apoyadas por los ciudadanos con la concurrencia masiva a votar.
