La impudicia electoral

Mart 09/07/13 13:00 hs.-Los gobernantes gastan millones en publicidad y en actos con vistas a las próximas elecciones, mientras algunos programas oficiales carecen de recursos para su funcionamiento.

Aunque la campaña electoral empezará en forma oficial 20 días antes de las elecciones primarias, que se realizarán el 11 de agosto próximo, los gobernantes de distintos niveles ya están en plena tarea proselitista.
Desde la Presidenta hasta los intendentes, pasando por los gobernadores, el festival de anuncios, inauguraciones y reconocimientos públicos no tiene fin. Inclusive los propios militantes quedan exhaustos por tratar de asistir a la gran cantidad de actividades electoralistas.
Es una real impudicia, en la verdadera acepción de la palabra: deshonestidad, falta de recato y pudor. Deshonestidad, porque los gobernantes protagonizan una campaña electoral a diario, a través de los medios de comunicación que controlan o que les son afines –con discursos, cortes de cintas o gestos políticos– cuando a los restantes candidatos, por caso, se les prohíbe hasta darse a conocer por esos mismos medios. Y es una falta de recato y pudor porque se difunde y se hace lo que se debería haber concretado al menos durante los dos últimos años de gestión. Además, el dinero que se gasta con esa finalidad debería destinarse a construir nuevas escuelas o a proveer elementos básicos a los hospitales.
La impudicia no se relaciona sólo con la deshonestidad de hacer campaña cuando los demás candidatos tienen vedado hacerla, sino también con el uso de todo el aparato del Estado para mostrar a los postulantes del oficialismo y para ponderar la gestión propia.
El uso y el abuso incluyen al aparato de comunicación, a la movilidad y hasta el pago de viáticos para recorrer el país o la provincia por parte de funcionarios de distinto orden.
Otra muestra de este conjunto de transgresiones es el hecho de destinar 1.178 millones de pesos para la publicidad de los partidos en los medios de comunicación, como lo establece la ley de propaganda electoral, en tanto la administración nacional se reserva el uso de más de 400 millones para difundir los actos de gobierno, que de por sí ya son harto conocidos por la población, dado la abrumadora repetición que se realiza en los medios oficiales o en los dependientes de la publicidad oficial.
Las encuestas de opinión muestran un marcado desencanto de la sociedad con su clase dirigente y una apatía frente al proceso electoral que no sólo definirá una nueva conformación del Congreso, sino también la orientación política de los próximos años.
Es tiempo de que los políticos tomen conciencia de la enorme brecha que se ha creado entre ellos y sus representados, ya que las necesidades reales de la gente están muy lejos de los contenidos de los cuales hace abuso la propaganda. Si lo que se quiere es el compromiso civil, se debe empezar por respetar las reglas, para que la democracia no se reduzca a un juego de poder, por el poder.

Fuente:lavoz.com.ar

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