El proceso electoral inició su recta final que, tras las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso), el 11 de agosto próximo, concluirá con la elección de diputados y senadores nacionales, el domingo 27 de octubre.
Este acto trascendental para la vida de la República Argentina se producirá poco días antes de que se celebren 30 años del retorno a la democracia. El verdadero mérito de la dirigencia, pero en especial del pueblo que decidió y apoyó la continuidad del sistema, es haberlo sostenido, más allá de algunas intentonas golpistas de fines de la década de 1980 y principios de la de 1990, protagonizadas por militares y civiles que pretendieron derrocar a los gobiernos de Raúl Alfonsín y Carlos Menem, respectivamente.
Pero esa democracia merece ser perfeccionada no sólo por los instrumentos que ofrece la Constitución Nacional, como la consulta popular y el derecho de peticionar, los cuales han sido prácticamente invalidados en sus alcances y prerrogativas. Debe ser mejorada, también, a través del desarrollo de la tecnología, que permite hoy consultar la voluntad y opinión de millones de personas sobre temas clave para el orden social. Esto hubiera podido instrumentarse, por caso, en el matrimonio entre homosexuales, o usarse para aprobar o no las modernas técnicas de generación y prolongación de la vida y en la legalización de la marihuana, entre otras iniciativas.
Pero también la democracia en los partidos políticos debe mejorarse a la luz de la fragmentación y personalización que se observa en su vida interna. Las ambiciones individuales son visibles luego de la inscripción de candidatos para las Paso. En Córdoba, por ejemplo, se presentarán cinco alianzas y seis agrupaciones con varias listas internas, por lo que el 11 de agosto el votante se encontrará en el cuarto oscuro con 16 boletas, es decir, con 144 candidatos para ocupar sólo nueve bancas de diputados nacionales.
El esquema de las Paso exhibe cierta debilidad, porque no termina de resolver la interna de los partidos. Por ejemplo: la postulación del intendente de Tigre por la nueva agrupación Frente Renovador evidencia que la disciplina dentro del justicialismo de la provincia de Buenos Aires se ha quebrado. Es evidente que las ambiciones personales desplazaron a las propuestas y, de ese modo, se han conformado listas y alianzas que incluyen a candidatos incompatibles con los postulados escritos en las distintas cartas orgánicas partidarias.
Próxima a cumplir tres décadas de democracia, la Argentina necesita respetar las modernas instituciones consagradas en la Constitución de 1994, mejorar el sistema de consultas a la ciudadanía y renovar el compromiso en el interior de los partidos, que deberían ser el sustento de la participación democrática. En caso contrario, estaremos practicando sólo de forma parcial el sistema adoptado para nuestra vida política.
Fuente; lavoz.com.ar
