De acuerdo a la Justicia Electoral 52.050 personas podrán sufragar en la ciudad de Ushuaia, y 57.497 personas en la localidad de Río Grande, 2353 personas en Tolhuin y 251 en las bases antárticas argentinas.
El 11 de Agosto con las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), y luego el 27 de Octubre, las elecciones de “medio término”, 127 diputados nacionales, en proporción a la población de cada distrito, serán electos y reemplazarán a los diputados que ingresaron al Congreso en el año 2009. Algunas provincias también renovarán sus Senadores Nacionales, e instalarán representantes con mandatos hasta 2019. Además, Corrientes y Santiago del Estero elegirán gobernadores.
La división efectiva de poderes previene la concentración del poder en unas pocas autoridades electas, lo que las cargaría de más con tareas demasiado distintas.
La República confiere a los legisladores la producción de leyes que regulen la convivencia social, el control sobre los actos de gobierno, entre otras atribuciones.
Su tarea requiere disposición seria y firme al trabajo en equipo, vocación de diálogo, amplitud de miras a la hora del debate y la reflexión, un carácter generoso para el trabajo “visible” en el recinto parlamentario, así como para la labor silenciosa de las comisiones varias que preparan los proyectos de Ley.
Frente a este panorama, es de desear que los candidatos no se limiten a participar en el show televisivo que todo lo banaliza en aras del rating, ni nos prometan meramente que “tienen un plan”, que “seremos bienvenidos”, que tendrán “la fuerza de la gente”, sino que expongan sus visiones y propuestas en distintos medios (y con distintos niveles de detalle), que sometan sus planteos y sus programas al debate público (partidario y ciudadano), que podamos prever las líneas maestras de nuestro desarrollo económico y social, comprometernos como comunidad con las mismas… Sin mencionar lo necesario que esto es para la construcción democrática de alternativas posibles, el estímulo a la generación de ideas y soluciones, la formación y afianzamiento de nuevos dirigentes (oficialistas y opositores), etc.
Más allá del acuerdos o desacuerdos personales, en la campaña política de 2011 —que incluyó la elección presidencial—, no hubo anuncios de muchas medidas que vendrían, ni la ciudadanía pudo considerarlas o reflexionar sobre ellas. ¿Hasta dónde la táctica y el realismo político pueden justificar la falta de comunicación previa? En este sentido, 2012 fue un año de “sorpresas” políticas; lejos de “sintonía fina”, hubo novedades de proporciones: reducción de subsidios, tarifazos varios, limitaciones a las importaciones, restricciones cambiarias, reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, nuevas regulaciones en el mercado de capitales, apropiación de la mayoría accionaria de YPF, voto de adolescentes, ciertos aspectos muy cuestionados de la “ley antiterrorista”…
También están aquellas cuestiones que quedaron pendientes de discusión y decisión, con perspectivas de duraderas consecuencias, como la aplicación de la discutida Ley de Medios, la revisión de la Asignación Universal por Hijo (asegurar que llegue efectivamente hasta los últimos, establecer mecanismos de actualización y control), la vinculación del problema de la inflación al de la distribución del ingreso, la posibilidad de pasar del debate por la pobreza al debate por la riqueza, la búsqueda de nuevas formas de energía (nuestra matriz energética descansa fuertemente en la combustión de gas y es complicado encontrar alternativas que reúnan simultáneamente la condición de ser baratas, aprovechables a escala, sustentables en términos ecológicos, etc.).
También, la legislación que combata el trabajo esclavo, la explotación sexual, las redes de trata, sin olvidar los nexos que estas redes poseen con las bandas del narcotráfico, el comercio de armas, etc. Además, queda por resolver el trabajo de reforma, actualización y unificación de los Códigos Civil y Comercial de la Nación, las problemáticas referidas a familia y bioética que generan discusiones tan encendidas.
Evidentemente, hay temas en la agenda que merecen una profunda toma de conciencia, más atención y compromiso por parte de la ciudadanía.
Sin embargo, hay temas ausentes del debate público, que están sellados por la dolorosa desigualdad de nuestra sociedad, una desigualdad que no se da sólo en materia de remuneraciones e ingresos. Hay dimensiones de género, étnicas, generacionales, geográficas. Y también hay escenarios muy concretos y cotidianos donde se reproducen la inequidad y el sufrimiento callado de la desigualdad.
En definitiva, nuestra democracia, que cumple 30 años de continuidad el próximo 10 de diciembre, aún con todos los defectos que tiene, nos brinda oportunidades para mejorar nuestra vida como sociedad y comprometernos con el bien común, oportunidades a las que, saludablemente, nos vamos acostumbrando. No dejemos pasar la posibilidad de sumar nuestro aporte en este 2013.
Walter D’Angelo
UCR
