–Pero, papá, ¡los dejan ir a todos!
–No importa, sabés que no queremos que salgas de noche. Es peligroso…
–¡No, pa, no pasa nada…! Además, no vamos a un boliche; nos juntamos en la casa de un amigo.
–¿De quién?
–No sé (mirando el celular), estoy esperando que me avisen.
–¿Le preguntaste a tu mamá?
–Sí, me dijo que decidas vos.
–¿Yo dije eso? (aparece la madre).
–Bueno, pensé que sí… Dale, ¿me dejan?
–… (Los padres se miran).
–Ya tengo 14 años; y mis amigos salen desde el año pasado…
–No sé… ¿Y si te vamos a buscar?
–¡No, pa! ¡Van a pensar que soy un nene! Podemos volver en remise, todos juntos.
–¿A qué hora?
–A las 3.
–2.30, acá.
–‘Ta bien, 2.30.
–Bueno… por esta vez. Pero no quiere decir que vas a salir siempre…
–¡Mortal! (interrumpe, corriendo a su cuarto).
…
–¿Quién cobra la entrada?
–Me quedo yo, con mi cuñado. Cuando ven adultos, los chicos no hacen problema en pagar.
–¿Cuántos entran en la casa?
–100, 120.
–¿Seguro que no están los padres?
–Sí.
–¿Tenés suficiente bebida?
–En la cocina dejamos todo el fernet; lo demás, en el patio. Si falta, llamamos al flaco del delivery.
–No quiero que sea el mismo del viernes. Te dejo el teléfono de otro, que tiene de todo.
–Estoy posteando la fiesta; son muchos. Con que venga la mitad, nos llenamos.
–Esta vez, cerremos las ventanas, así los vecinos no se quejan.
…
–¿Usted es el padre? ¿A qué hora lo encontraron?
–No sé (llorando), nos avisaron a las 4; los amigos lo vieron cuando se desmayó y lo llevaron al baño.
–¿Se despertó?
–No, doctor, está así desde que lo buscamos. Tardamos 20 minutos en llegar a la guardia.
–Lo tenemos que llevar a terapia intensiva. ¿Alguien sabe qué tomó?
–Afuera está uno de los amigos, le puedo preguntar.
–No, deje, no nos sirve; seguramente es lo de siempre.
–¿Qué tiene, doctor? (la madre, desencajada).
–Déjeme revisarlo, señora, y después hablamos. (El médico quiere apurarse).
–¿Podemos ir con él?
–No, esperen acá.
–¡Dígame que va a estar bien!– (suplica el padre)…
“El consumo episódico excesivo de alcohol (Ceea) es la ingestión de gran cantidad de alcohol en una sola ocasión o en un lapso breve (horas). Esta práctica, de inicio cada vez a edad más temprana, es más frecuente durante los fines de semana, en escenarios nocturnos, por fuera del ámbito familiar y con la intención de lograr embriaguez. Aproximadamente 766.743 estudiantes de nivel medio en Argentina han consumido alguna bebida alcohólica en el último mes (46,3 por ciento del total). El 60 por ciento reconoce haber tomado cinco trag os o más en una misma ocasión durante las últimas dos semanas” (Ministerio de Salud, Argentina, 2012).
El alcohol, como droga legal, se asocia de manera directa e indirecta a más muertes en jóvenes que todas las demás drogas ilícitas juntas. A pesar de la evidencia, el Ceea crece dramáticamente, naturalizando una ceremonia iniciática e inclusiva entre adolescentes.
No podremos revertir la epidemia mientras prevalezcan los chicos que miden la diversión y su autoestima con un vaso. Tampoco con padres que subestiman los efectos del consumo y, sobre todo, con un Estado ciego que no controla la ilegalidad.
Fuente:lavoz.com.ar
