Los persas llamaron a esta tierra Atropatene, “el guardián del fuego”, ya que la combustión natural del gas ha dado desde hace siglos espectáculos naturales tales como Yanar Dag, “la montaña ardiente”. Actualmente, este país es mucho más que eso: es un importante foco para inversores, un “nuevo rico” que ha irrumpido con fuerza en el panorama internacional. En el apartado futbolístico (desde hace un par de años los países árabes ven el mundo del fútbol como un escaparate para promocionarse), Azerbaiyán patrocina desde el año pasado al Atlético de Madrid, el cuál recibirá 12 millones por llevar el eslogan una temporada y media en la zamarra. Además, un club local, el Khazar Lankaran, ha batido el récord que en su día consiguió el también caucásico Anzhi (de Daguestán). Éste tiene en nómina al jugador mejor pagado del mundo, el camerunés Samuel Eto’o, el cual recibe por temporada 20 millones de euros. Pues bien, la escuadra del multimillonario Mubariz Mansimov ha querido salir del anonimato anunciando que pagará 24 millones de euros anuales a Andrei Arshavin, una de las estrellas del fútbol ruso.
La capital, Bakú, está rodeada de pozos petrolíferos, como casi cada ciudad edificada a las orillas del Mar Caspio. Este país, que tiene el tamaño de Andalucía, es el vigésimo exportador de crudo del mundo, lo que le permite tener una economía rebosante y una población ocupada casi en su totalidad. Aun así, y como llevan haciendo los países del Golfo Pérsico, saben que un día su subsuelo no dará para más, y saben que han de buscar alternativas futuras para un negocio que les supone el 80% de las exportaciones. Con Eurovision (puede parecer extraño, pero en este festival aún se juegan muchos intereses, sobre todo en el Este) ya enseñaron al mundo de lo que eran capaces, y ahora están llevando a cabo una campaña de propaganda con tal de obtener dos objetivos fundamentales de cara a la nueva década: asentarse como un destino turístico popular y conseguir una potente inversión extranjera en sectores como la banca o la agricultura.
De momento, esta nación ha conseguido ser un ejemplo de buena gestión (en lo estrictamente económico), dando a conocer a un mundo sumido en una profunda crisis económica una tasa del desempleo del 5% y habiendo reducido el nivel de pobreza de más del 40% a un escaso 6%. Azerbaiyán 2020, el ambicioso programa económico que regirá la política económica nacional desde ya, se ha fijado objetivos casi “fantasiosos” como duplicar el PIB per cápita hasta los 13.000 dólares, o llevar las carreteras y la conexión a Internet a los lugares más remotos del país.
Mención aparte recibe su gobierno que, tildado por muchos de dictatorial, según HRW, tiene a decenas de periodistas y activistas críticos bajo arresto o directamente están encarcelados.
Pese a todo ello, Europa aún no ve a esta ex-república soviética con los mismos ojos que Emiratos Árabes o Catar. Las inversiones en Azerbaiyán provienen, en su mayoría, de Rusia y Turquía. ¿Podrán los países europeos, y sobre todo los más castigados por la crisis, tomar ventaja a China, Gran Bretaña o India, y conseguir un socio económico para nada desdeñable? El tiempo lo dirá.
Fuente:http://www.miradasdeinternacional.com/
