Sor Juana Inés decía que el amor es como la sal: dañan su sobra y su falta. Lo mismo podríamos decir con respecto a los límites, ya que la clave está en no ser abusivo con los mismos pero tampoco desestimarlos.
“A menudo los hijos se nos parecen y así nos dan…¿La primera satisfacción?”….
¿Cuántas veces les recriminamos a nuestros hijos aquellos aspectos que nos molestan de nosotros mismos?
¿Es posible poner límites a un adolescente que no los tuvo durante su infancia?
¿El adulto se siente impotente para poner límite a los ritmos de sueño y vigilia de los adolescentes que amanecen cansados, porque no logran un sueño reparador?
Aprender a poner límites es una asignatura que se nos presenta a diario. Muchas veces no tenemos en claro por qué deben existir, para que y cuáles son las consecuencias que generan la incorrecta aplicación de los mismos.
¿QUÈ SON LOS LÌMITES? Son normas que regulan el comportamiento y que sirven para contener; guiar; proteger; prevenir y no solo para sancionar.
La evolución de los niños demanda según sus etapas de desarrollo, distintos límites y distintas maneras de ponerlos. En cualquier etapa del crecimiento, el «no» se instala sobre una base de «sí», los límites se construyen en el interjuego entre el permitir y el prohibir. A medida que el niño va creciendo, el «no» va acompañado de una explicación que irá facilitando la internalización del límite y permitiéndole anticiparse a distintas situaciones.
En la adolescencia, los jóvenes sienten que sus padres les exigen que se hagan cargo de su propia responsabilidad para reconocer los límites que separan el bien del mal; la madurez y la responsabilidad; el compromiso y su ausencia.
Pero…¿Cómo poder lograrlo si uno no fue habilitado paulatinamente para el ejercicio de poner límites a si mismo y al entorno?
Llegar a una edad determinada no significa tener la madurez suficiente para poder hacerlo.
Nadie madura por el solo hecho de cumplir años!!!
Como contraposición, encontramos a adultos abandónicos incapaces de asumir su propio rol dejando en manos de los chicos su propia crianza. Ej.: Cuando a los chicos se los obliga a tomar resoluciones que no son acordes con su edad confundiendo libertad con abandono.
Jaime Barylko ha dado una explicación de este desentendimiento de los mayores: “El siglo XX ha sido el siglo de la permisividad, un tiempo en el cual los padres que habían experimentado el exceso de autoridad, creyeron que lo mejor que podía pasarles a sus hijos era la permisividad. Esta permisividad estuvo también sostenida por ciertas teorías psicológicas.”
Poner límites es dificultoso, porque está en juego el control y la autoridad.
Los padres deben aprender a abandonar cierta indiscutida potestad, deben transmitir paulatinamente la autonomía, dentro de las limitaciones que las distintas etapas admitan.
Como adultos, tenemos que perder el miedo a limitar a los niños. Limitar no es aniquilar. Limitar es dar vida, si lo hacemos adecuadamente. El gran peligro reside en ver en los límites sólo su aspecto negativo-empobrecedor: lo que nos quitan y nos prohíben.
Pero justamente esta prohibición permite distinguir la realidad de la fantasía, y es la que establece quiénes somos ante los otros.
El objetivo es el reconocimiento de los propios espacios sin que esto se convierta en una batalla emocional donde una de las partes quede aniquilada.
La insolencia y la falta de respeto no es un signo de independencia, señala la presencia de un comportamiento inmaduro. Ante esto, los padres todavía deben hacerse cargo de modificar esa conducta. Para ello es necesario asegurarse que las normas sean verdaderamente razonables. Como adultos con experiencia, los padres deben intentar siempre ser la voz de la reflexión.
Fabricar excusas para desestimar o justificar un mal comportamiento, no es la mejor manera de ayudarles a crecer. Los límites que NO son aplicados por los adultos responsables del niño o adolescente, serán impuestos de forma mucho más dura, por la propia sociedad.
Debemos recordar qué los límites hacen bien, son educativos y contribuyen a lograr la madurez psicológica.
Los límites son educativos porque la realidad nos limita, aunque no nos guste, no somos omnipotentes. Es bueno darse cuenta de ésto desde chicos. La realidad no es tan manipulable como los niños o los adolescentes pretenden desde su pensamiento mágico y egocéntrico. Los límites son educativos porque ayudan a la persona a desarrollar la aceptación de la ley y el respeto a la autoridad legítima. “No puede haber socialización ni verdadero sentido de la justicia si no se renuncia al principio del propio placer y al interés egocéntrico.”
La vida muchas veces nos dice no y, si no sabemos aceptarlo, viviremos resentidos.
Las personas deben llegar a comprender y aceptar que no todo saldrá siempre según su deseo, que no siempre lograrán lo que se proponen. Esto se denomina tolerancia a la frustración y es un rasgo fundamental de la personalidad madura. Quien no lo adquiere será un caprichoso consentido, así tenga 40 o 65 años.
Pero, aún cuando los adultos no hayamos logrado internalizar los límites de manera adecuada, ni en la franja etaria correspondiente, debemos asumir que siempre estamos a tiempo.
Barrionuevo, M. S. Psicología en áreas de normalidad dice: “El ser humano logra bienestar si, en sus relaciones consigo mismo y con los demás, se mantiene en esos límites, moviéndose con libertad en ellos. En cambio, si despliega una búsqueda de sí o de los otros, creando objetivos y expectativas fuera de esos límites personales, se siente mal. En tal caso, sus capacidades y aptitudes de ser, intentan sobrepasar su realidad. Entonces, vive una fantasía o sufre la angustia y frustración de no alcanzarse a sí, ni comprender a los otros.”
Los límites se deben inculcar como los valores, no como reglas rígidas a seguir. Poner límites no es una tarea sencilla, pero es saludable: implica comprometerse en el vínculo con los hijos. Por eso, los límites deben ser establecidos por aquellos en quienes se puede confiar y al mismo tiempo desafiar, sin que por ello corra riesgo la relación.
BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA PARA PROFUNDIZAR EL TEMA:
P.E.T. Padres eficaz y técnicamente preparados de Thomas Gordon
Como poner límites a los hijos de Elvira Abad
Fuente:http://www.porelplacerdepensar.com.ar/
