Festival de Ushuaia La Orquesta del Festival interpretó Bizet, Lalo y Franck

Dom 8 12:25 hs.- El Coro del Fin del Mundo se presentó en la antigua cárcel. Festival de Ushuaia Para su octava edición, el Festival Internacional de Ushuaia sumó un escenario inesperadamente apto para conciertos, el pabellón central de lo que fue la cárcel del Fin del Mundo.

El lugar, hoy convertido en museo, compensa la aprensión que despierta su historia truculenta con una acústica notablemente más apta para la presentación de estas formaciones que la confortable sala Milenio del Hotel Las Hayas, sede oficial del Festival.

La original nueva sede se puso a prueba con un concierto sinfónico coral que protagonizaron el Coro del Fin del Mundo, una agrupación amateur de residentes fueguinos, y la Orquesta de Cámara Municipal de Rosario, todos bajo la dirección de Pablo Dzodan. El concierto pascual contó con la presencia de la gobernadora Fabiana Ríos y algunos otros funcionarios fueguinos.

El rosarino es un ensamble consolidado a lo largo de 25 años de trabajo, lo que marca un contrapunto notable con los conglomerados orquestales que año a año viajan a Ushuaia para sostener el repertorio sinfónico que casi diariamente ofrece este festival.

Superados los pequeños desajustes en el comienzo del Divertimento en Re Mayor de Mozart, la orquesta de cámara sonó tan afiatada como entusiasta, pero fue en la expresiva aspereza de la Serenata para cuerdas en mi menor de Edward Elgar, donde confirmó una sensibilidad diferente, algo más que mucho oficio.

El Coro del Fin del Mundo con su cuarteto de solistas –una selección entre aficionados-, se sumó en la segunda parte para hacer la cantata BWV 147 , de Bach. La entrega y pasión del grupo vocal compensó en parte las deficiencias propias del amateurismo. Los vientos de la orquesta, y muy especialmente los metales, tuvieron una actuación deslumbrante. El concierto cerró con una versión ferviente del Ave Verum Corpus de Mozart.

La mágica nevada visible desde los amplísimos ventanales del salón Milenio había regalado al concierto de la noche anterior un marco de ensoñación para un programa de largo aliento y aire francés, dirigido por Jorge Uliarte: la colorida suite de la ópera Carmen de Bizet, el Concierto para violonchelo de Edouard Lalo (Axel de Jenlis fue el solista) y la Sinfonía de César Franck.

A la potencia de la suite se le opuso una descolorida versión -casi una primera lectura- del concierto de Lalo, con un solista de poco sonido y problemas de afinación. Por fortuna, la Sinfonía de Franck sonó bastante más prolija. Aunque se extrañó un poco la marcación del director, tanto en la diferenciación de planos como en la conducción de cada frase hasta su clímax, las cuerdas sonaron más empastadas y los solistas cumplieron sobradamente su parte.

Fuente:Clarin

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