La brecha entre ricos y pobres, fuera de la agenda de debates

El Gobierno se enoja con el INDEC en vez de explicar por qué crece la desigualdad. Los que viven en el 10 por ciento de los hogares más pobres reciben 65 pesos por mes. Y los que viven en el 10 por ciento de los hogares más ricos disponen de 2.226 pesos mensuales. De este modo, cada integrante de las familias más ricas percibe 34,2 veces más que el de la vivienda más pobre.

Esos datos del INDEC corresponden al tercer trimestre de 2005 y marcan, concretamente, que volvió a aumentar la distancia entre los más ricos y los más pobres. Ya es de 32,1 veces. Desde la conducción del Ministerio de Economía y desde la Presidencia de la Nación se objetaron estas conclusiones, se invalidó la metodología de la investigación, que es la misma que se utiliza para obtener otros indicadores del mundo social y económico en el país.

El empleo, como tal, no ha pasado por grandes cambios en los últimos años. El 50 por ciento es registrado, en blanco. El otro 50 por ciento se divide entre el empleo en negro y el cuentapropismo que carga con un amplio campo informal. La CTA ha señalado que el empleo registrado que se genera percibe retribuciones salariales inferiores a las históricas.

Desde José Martínez de Hoz hasta aquí, incluyendo a la mayoría de los ministros de Economía y representantes del poder político las estadísticas que no son favorables a cada gestión de gobierno terminan por ser rechazadas. Hay números buenos y números malos. Se opta por este tipo de rechazos cuando en realidad se está protestando contra lo que muestra el espejo. Y no se dispusieron de inmediato equipos de estudios para analizar por qué, en un contexto de crecimiento económico como el que estamos viviendo, la desigualdad sigue creciendo.

Si se indaga a fondo se podrá ver que, a pesar del mayor crecimiento económico y el mayor empleo, el 40 por ciento de los hogares de menores recursos —que albergan a casi 20 millones de personas— volvió a recibir una porción menor de la torta.

A fines de 2003 participó con el 18,2 por ciento de los ingresos, en la primera mitad de 2004 bajó al 18 por ciento y en la última medición descendió al 17,3 por ciento.

Esta caída en la participación de los ingresos se debe a que los sectores más pobres —informales o beneficiarios de los planes sociales— bajaron otro escalón. De recibir el 2,3 por ciento ahora participan con el 2,1 por ciento.

Por el contrario, los sectores rentistas o vinculados a las ganancias empresarias tuvieron un fuerte incremento de sus ingresos. También los sueldos medios y altos en blanco fueron beneficiados con asignaciones más elevadas con respecto al incremento de la inflación.

De este modo, mientras la torta siguió ampliándose —una suba del Producto Bruto Interno del 9 por ciento— los frutos de esa mayor riqueza se repartieron en forma decididamente desigual.

Eso explica porqué si bien la economía se recuperó, no hubo ningún cambio sustancial o reforma estructural. El sistema impositivo sigue siendo regresivo, los precios subieron y siguen subiendo, afectando más a los más pobres: los principales productos de uso familiar, aceites, carnes y lácteos, aumentaron su valor entre un 120 y un 160 por ciento desde la devaluación de inicios de 2002.

En la vereda de enfrente la actividad rentística sigue estimulada por la indexación de los bonos, el superávit fiscal se destina a pagar la deuda transfiriendo recursos al exterior, grupos económicos muy fuertes continúan recibiendo incentivos fiscales.

En lugar de buscar errores en la Encuesta del INDEC, una entidad pública, habría que abrir un amplio debate social, que hoy está ausente de cualquiera de las agendas políticas.

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