De candidatos y atributos desaparecidos.

Lun 12/11/18.- La capacidad intelectual es sumamente importante, ya que define el grado de inteligencia práctica que posee la persona en específico. Esta varía según las distintas ramas y dones que tiene la persona.

Esta simple definición nos mete en un gran dilema, porque hay gente intelectualmente destacada fuera de la política y dentro de ella, personas como Olmedo o Mayans?, bueno seguramente tiene que ver con el coeficiente intelectual de quien los vota, y esto no significa que sea mayor o menor, sino con lo mal que lo usan.

Si no fuera así, cómo se explica que en el Congreso Nacional, en ambas cámaras hayamos visto y oído debates tan pobres que hasta llegaron a avergonzarnos y como si no fuera suficiente con eso, dos diputados de la nación casi terminan a las trompadas, ¿Qué es lo que pensamos cuando emitimos nuestro voto?, ¿Qué nos lleva a elegir cómo elegimos?, ¿es un país de pobres de derecha o un país de derecha que no quiere pobres?.

Podría llamarse esto la bolsonarización de una sociedad que piensa como el presidente de Brasil, pero no se anima a verbalizar, o una sociedad que vota por odio a la corrupción y enceguecido nos llevó a una tragedia política?, en medio de este debate, que obviamente no está en las mesas de los hogares, empiezan a aparecer los que aprovechan el giro de 180 grados carioca y se animan a frases como “en América la democracia entró en desuso  (Circunstancia de no usar o de haber dejado de usar una cosa). Bien aclarado esto volvemos al comienzo, que hace que cierta dirigencia no pueda hilvanar tres frases seguidas y ocupe cargos o no pueda dar un discurso sin leer, ni siquiera hacer un spot publicitario y quieran aferrarse al sillón como si fuera una orden divina, esto no es un descuido, a Bolsonaro lo llevó al gobierno la Iglesia Evangélica, y aquí estas iglesias han tenido gran protagonismo desde el 2003 en adelante, algún ex gobernador recurrió a ellas por aquellos años.

Todos recordarán la frase “Rio grande es una ciudad bendecida por Dios”, en ese tren hemos llegado hasta aquí, votando lo menos malo o en contra de, pero nunca a favor de nosotros mismos, del pueblo, de la sociedad o el conjunto.

Me hago cargo de mis errores y me he jurado pensar mil veces a quien votaré en las próximas elecciones, no sé a quién aún, pero si sé a quién no votaría nunca más, el escenario político me ahorra mayores comentarios y análisis de una realidad que nos está matando. Si bien la capacidad intelectual puede ser un punto a favor, insisto en que el cómo se la usa es lo que debe importar, se puede ser brillante y gobernar de una manera inclasificable, los hechos lo demuestran, por lo tanto, a lo intelectual hay que agregarle hombría de bien, honestidad y lealtad a los que los han elegido, ¿se puede confiar en alguien que traiciona a quien lo ayuda llegar a una banca del Congreso Nacional?, que nos haría pensar que sería leal con sus votantes, obviamente yo no lo creo, pruebas al canto y ocurrió en esta provincia. Así las cosas, algo queda claro, la gente sabe quién es quién, pero a la hora de votar no lo pone en práctica y prioriza su bienestar personal y no el del conjunto, ninguna cualidad del candidato se tiene en cuenta, sino cuánto va a beneficiarme votarlo e ir y decírselo para tratar de acomodarme, sea cual fuere la clase a la que pertenezca.

En tanto y en cuanto esto siga así y no pensemos como ciudadanos estamos condenados al desastre, para eso hay que conocer la diferencia entre ciudadano e individuo, el primero piensa en el conjunto, el segundo sólo en sí mismo.

Armando Cabral