Invisivilizar a los hombres.

Lun 287=5/18.- Nos ha pasado a quienes trabajamos dese hace mucho n los medios de comunicación o al menos a mí, que de repente hemos dejado de ser parte de la sociedad y también hemos entendido, quizá por los años, que a veces nos metemos donde no nos llaman. Cosas que se aprenden con los años, para quienes nunca dejamos de aprender.

Mi padre solía decirme, “no vayas donde no te inviten, no hables de lo que no sepas”, y como siempre tenía razón, no hay que meterse donde no te llaman, ni colaborar con quien no lo necesita porque es lo sufrientemente autosuficiente como manejarse por sí mismo, esta es una virtud que no muchos tenemos, menos aquellos que vivimos pidiendo ayuda o la damos a cambio de nada.

De repente entendí que me había metido en una lucha que no era la mía, que ya había cumplido hace mucho con ese objetivo de hablar en los medios sobre violencia de género, trata de personas, allá por 1989, tengo registro de eso, pero aun así, supuse, erróneamente, que podía colaborar en las luchas que vinieron, el aborto legal, seguro y gratuito, o “ni una menos”, pero es evidente que ya no es así, los tiempos han cambiado, las militantes son otras y evidentemente no estoy en sintonía con las formas, ni con los mandatos y mucho menos con el destrato para los hombres que desde algún lugar tratamos de aportar un mínimo a estos reclamos y que se nos ha invisivilizados de una manera llamativa, que no me sorprende, ni me angustia, o me preocupa, simplemente hemos sido dejados de lado.

Es una lucha de mujeres contra ciertos hombres, de la que yo no quiero formar parte, no entiendo este tipo de actitudes, como no entiendo el destrato de ninguna especie, más cuando desde hace tanto tiempo algunos venimos trabajando en el tema, de una manera que evidentemente no es la que a algunas dirigentes les interesa y quizá por eso al igual que lo que se critica, se pone en práctica y vamos a parar todos a la misma bolsa sin que se reconozca absolutamente nada de lo que aquí hemos hecho algunos. Entonces la pregunta es ¿para que? y la respuesta es “no tengo nada que hacer acá”.

No soy de primera, pero mucho menos de segunda y eso me hizo repensar muchas cosas, entre ellas que obviamente lo que pude haber aportado, mucho, poco o nada, no sirvió, que hoy subirse a estas luchas es muy fácil, pero hace 30 años atrás te hacían un juicio de notables, o te sancionaban enviándote al peor horario de una radio, solo por mencionar la trata de personas. Solo por eso y sin jamas haber mencionado en la cantidad de casos que trabajé debí haberme quedado en mi casa con la conciencia tranquila por haber hecho lo que debía pero soy de los que tropiezan tres veces con la misma piedra.

Las luchas han cambiado, los objetivos también y muchos de nosotros ya no tenemos espacio aquí, es mi modesto punto de vista, por eso mejor que quienes llevan adelante todo esto lo hagan como crean que es mejor y sin la participación de quienes creímos que dialogar, acompañar y consensuar era un buen sistema.

No entiendo ni entenderé el no hablar, es una característica básica de los seres humanos que cada vez se utiliza menos y nos aleja cada vez más. El imponer, arremeter, seleccionar que conviene o que no cuando se trata de personas, realmente no lo entiendo, quizá porque no funciono de esa manera. Creo que ya hice lo que debía, ahora veré como se desarrollan los hechos como un mero observador.

Ojala que en un futuro no muy lejano, se reconsideren estas actitudes y todos estemos en igualdad de condiciones, hombres y mujeres, porque de lo contrario no habrá futuro posible.

Armando Cabral

N de la R:

1. AR. tec. aca. Borrar, tapar, ocultar, esconder, disimular, velar, hacer invisible.