Bullying: un flagelo que sólo puede combatirse de manera conjunta entre padres, docentes y Estado

Viern 09/02/18.- “El chico de Tilcara y el de Ushuaia tienen el mismo problema”, Así lo aseguró María Zysman, fundadora y directora de la asociación civil Libres de Bullying al referirse a las consecuencias de este flagelo a lo largo y a lo ancho del país.

El bullying es un “comportamiento prolongado de insulto verbal, rechazo social, intimidación psicológica y/o agresión física de un niño hacia otro, que se convierte en blanco de reiterados ataques”, según define esta entidad.

No sólo es presencial sino que puede darse a través de correos electrónicos, redes sociales, mensajes de texto, o demás plataformas tecnológicas. En ese caso, se lo define cyberbullying y uno de sus peores efectos es que “la vergüenza del acosado es mucho más grande, ya que lo ve más gente y es algo que permanece en el tiempo”.

Uno de los puntos más importantes al hablar de la problemática es entender que “el bullying es un abuso, no un conflicto; es un tejido, un tramado enorme cuyo abordaje tiene que ser integral”, aseguró Zysman a ámbito.com.

Una de las características del acoso escolar es que debido a la diferencia de poder, al menor acosado le resulta difícil o imposible defenderse. Además, el dolor de esta víctima no se limita al momento del ataque sino que es sostenido en el tiempo.

Según la especialista, son varios los entes los actores que deben intervenir: padres, docentes y Estado, mínimamente. Para la psicopedagoga que trabaja en la temática desde hace más de 25 años, como familia, una de las claves es “no dar un discurso hipócrita y obrar con el ejemplo”. “Hay que ver qué esperamos de nuestros hijos: si queremos que gane cueste lo que cueste o si queremos que tenga relaciones más sanas, más nutritivas, donde el otro sea una fuente y no un lugar para atacar“, sostuvo.

En el marco de la campaña “Hagamos un buen trato”, impulsada por la empresa Ángel Estrada de la mano de la ONG, Zysman se refirió a los chicos que acosan y señaló que “a futuro, el chico que hostiga está mucho más en riesgo que el hostigado”. Esto se explica al entender que “si un chico hace bullying es porque algo está pidiendo: puede ser atención o reconocimiento. Se lo tenemos que dar sin juzgarlo pero mostrándole que está haciendo daño y que eso no está bien. Hay que seguir insistiendo con lo que está bien y lo que está mal para que aprendan”.

Respecto al rol del Estado, es importante señalar que pese a que el 11 de septiembre de 2013 se aprobó la Ley Nacional AntiBullying, más de cuatro años después la normativa sigue sin reglamentarse. Por otra parte, la fundadora de Libres de Bullying reclamó que “el Estado tiene que darles a los docentes espacios para hacer capacitaciones”. Además, señaló que “hay muchas familias que quieren hacer una consulta y desde salud pública no se las están brindando porque no hay turnos, porque hay una sobredemanda o porque las instancias son muy largas. Esto tiene que ver con la salud y con la educación, en consecuencia, el Estado les debería proveer la posibilidad de ser contenidos y asesorados”.

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La licenciada María Zysman detalló a este medio una serie de señales para advertir el acoso: “No se trata de preguntar si les hacen bullying sino de decirles ‘¿cómo estás?’, ‘¿cómo te sentís?’, ‘te quiero ayudar’, ‘no te veo bien'”. Para la titular de la ONG hay que estar atento “cuando un chico cambia su forma de ser, de estar, de comunicarse o si se encierra, porque algo puede estar pasando”.

Además, detalló que “el chico que sufre bullying, en general, trata de que no se note. Por una parte, para no estar más expuesto ante sus pares y, por el otro, para no defraudar a los padres”.

Finalmente, enumeró como síntomas característicos los “cambios de hábitos, cambios de humor, ensimismamiento, trastornos del sueño, trastornos de alimentación e irritabilidad“.