Los males de la sociedad.

Rio Grande 05/04/17 .- Esto no es una clase ni mucho menos es el análisis de lo que nos pasa todos los días cuando salimos a la calle y nos cruzamos con esta gente que te empuja, no te pide disculpas, no te saluda cuando ingresas a algún espacio, y vive puteando contra el lugar donde vive.

Hemos naturalizado la falta de respeto, hemos puesto en valor ser un vago, irrespetuoso, atropellado y sobre todo mal aprendido.

Es común salir a la calle y que el tipo que viene detrás de ti, casi apoye su auto en el tuyo, o te mate a bocinazos. Es común entrar a una oficina o un local y que nadie te saludo aun cuando vos decís “Buen Día”, y te miren como diciendo que le pasa a este idiota.

Ni hablar del que pasa y se lleva tu hombro en el empujón y ni de casualidad te pide disculpas, los que se colan en todos lados, los que viven puteando por el clima, el barro, el agua, los colectivos y todo lo que está mal, pero jamás hicieron nada para mejorar al menos el lugar donde viven, jamás una mano de pintura a su casa, limpiar la vereda o tirar la basura en el contenedor.

Sé que hay excepciones, sé que hay gente que no es así, pero son excepciones y ahí está el problema, debería ser al revés, las sociedades organizadas, las que respetan las reglas de convivencia y las normas que están en vigencia son las que salen adelante, si no nos respetamos entre nosotros y dejamos de ser ciudadanos para pasar a ser individuos estamos complicados.

No puede ser que todo lo tenga que hacer el estado, desde brindarnos los servicios públicos, hasta cuidarnos los hijos los fines de semana, pasando por recoger basura que tiramos por todos lados, evitar que anden borrachos manejando, que violemos todas las leyes de la sociedad civil, desde la velocidad en la ruta hasta, la de ruidos molestos.

Eso si vamos al exterior y somos unos duques, vamos a 110 kilómetros por hora, donde hay un cartel de pare paramos, acá no, acá hacemos picadas en pleno centro, estacionamos donde se nos canta, nos vamos sin pagar del estacionamiento, no pagamos impuestos, no declaramos vienes, evadimos, coimeamos, especulamos con todo, si podemos nos quedamos con el vuelto, y si nos podemos quedar con algo más también.

Una muestra de esto es el segundo incendio en un edificio de Chacra II aquí en Rio Grande, donde todo el mundo es responsable de los daños, pero no quienes viven en un edificio casi en ruinas.

Todo el mundo se acordó de las escaleras de incendio, de los matafuegos, pero todo se olvida 24 hs después, nadie dice que ha sido imposible en más de 20 años poder formar un consorcio, que muchos de los que allí viven pusieron rejas en sus departamentos porque la entrada del edificio no tiene puerta, porque se la robaron o se pudrió con el tiempo.

La culpa es del estado, porque el propietario del edificio no tiene una escalera, la culpa es del estado porque no se pusieron de acuerdo en más de 20 años para formar un consorcio y tener una mejor calidad de vida, orden, limpieza y seguridad.

Somos una sociedad atípica, donde muchos viven amargados por el lugar donde viven, por tener que ir a trabajar a un lugar que no les gusta, con gente que no soportan, donde no cobran lo que pretenden, ni hacen lo que quisieran y esa frustración la trasladan a su casa y se descargan con el vecino, con los hijos, porque los argentinos estamos genéticamente preparados para ser gerentes.

No reconocemos nuestras limitaciones y somos capaces de sentarnos en la cabina de comando de una nave espacial, sin que se nos mueva un musculo. Pero claro los jefes saben menos, y ganar mucho sin hacer nada es lo mas común, o al menos eso es lo que hace nuestra clase dirigente, gremialistas y políticos millonarios y trabajadores pauperizados, todo tiene que ver con todo, es “un combo”, como dicen los pibes y todo suma para estar peor.

Los sabelotodo están ahí siempre y siempre son los mismos y toda esa problemática social queda debajo de la alfombra, porque también nos acostumbramos a que nos prometan y no cumplan. Cuando pedimos trabajo es porque nos corresponde y cuando ya lo tenemos decimos “a mí no me corresponde” y nos ponemos en esa pose denigrante de tener un trabajo y no cumplir con nada. Lo mismo en la vida diaria, ni gracias, ni permiso, ni disculpas, nada.

Pedimos certificados truchos o lo que es peor, los pagamos para poder faltar al trabajo, nos inventamos parientes enfermos, y cuando nos descubren esgrimimos el “persecución política”.

Somos fanáticos de todo y al que no lo es lo desmerecemos, lo amenazamos, lo agredimos y con ese fanatismo justificamos todo, desde un gobierno corrupto, hasta un semáforo en rojo, o no llevar a los hijos a la escuela, hacernos cargos de su educación, todo tiene una excusa, todo se justifica, hasta la impunidad.

Hemos perdido el afecto, los buenos modales, el respeto a las normas y a la gente, y todo eso que nos hace buenas personas, buenos vecinos, buena sociedad. En síntesis, estamos muy complicados y el problema está lejos de solucionarse si seguimos actuando de esta manera.

 

Armando Cabral