Así explican la caída en las reservas, que obligaría al país a ser importador neto de crudo

“¿A quién se le ocurre que un petrolero quiera sentarse arriba de las reservas, si lo que necesita es vender? Sólo un marciano puede querer eso.” Oscar Vicente, director de Petrobras, eligió ayer la metáfora política más irritante para defender a la industria petrolera. Y expresó, así, lo que piensan todos sus pares: es cierto que se explora poco en la Argentina, pero porque los inversores desconfían del país.

La figura empleada por Vicente no fue un capricho retórico: hace un año y medio empezaba la crisis energética y el presidente Néstor Kirchner acusó al sector de sentarse arriba de los pozos. Ayer, los empresarios aprovecharon el lanzamiento del Foro Internacional de Energía Oil & Gas 2005, que se hará en Buenos Aires del 3 al 7 del mes próximo, para explicar un marco crítico: con el barril a valores históricos, la producción cayó, por primera vez en la historia, 8 años consecutivos, y de no cambiar la situación la Argentina volverá a ser importador neto de crudo (comprará más de lo que vende afuera) en dos o tres años.

Los ejecutivos creen que el escenario nacional no atrae a los inversores, que prefieren otros destinos, como Africa, Venezuela, Colombia o Medio Oriente. El primero en alertarlo fue Daniel Perrone, director de Transportadora de Gas del Sur. “El fin del encuentro va a ser mostrar la necesidad de las inversiones que hay que hacer en la Argentina -dijo, en el acto de presentación-. Por ejemplo, tarifas justas y razonables que les permitan a las empresas seguir creciendo, como lo han hecho en sus primeros diez años de vida acá.”

Se sumó Vicente: “No estamos incorporando reservas a la producción. Pero la historia argentina nos juega en contra. Un inversor dice: ¿Yo voy a poner plata para los argentinos? Cuanto más desconfianza, más premios hay que poner”.

Según Walter Schmale, presidente del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas, la cuestión no es nueva: “No hay una política de Estado en el tema energético, nunca la ha habido. No tenemos políticas de largo plazo. En pocos años, los problemas van a ser importantes. Las compañías invierten donde más les conviene, naturalmente”.

Un proyecto que no convence

La ley de incentivos a la exploración, que aguarda su tratamiento en el Congreso, no conforma al sector, a pesar de que el Gobierno consultó a las empresas para diseñarlo. “Es una buena intención, pero no alcanza -dijo Schmale-. Necesitamos mejores incentivos en el proyecto, porque estamos perdiendo el tiempo y la oportunidad: con estos precios, nadie tiene tantas cuencas sin explorar.” Un trabajo del Instituto Petroquímico Argentino coincide con el diagnóstico: hay 19 cuencas sedimentarias identificadas en el país. Sólo un 40% está explotado.

Vicente considera que, antes que el Gobierno, deberá entenderlo la sociedad. “La gente cree que nosotros no queremos buscar reservas. Todo lo contrario: el interés nuestro es reponerlas. Pero estas condiciones no son adecuadas. Por más que digan que la Argentina está bien, el que pone la plata no es el que habla, sino otro.”

Agrega que el sector necesita estabilidad fiscal para pensar a 40 años, y saber que las cuencas descubiertas serán explotadas sin interrupciones y contratos largos, por una misma firma. Dice, además, que con incentivos se puede lograr mucho. Lo afirma con otro ejemplo filoso: “Cavallo bajó los impuestos para la nafta sin plomo: las petroleras hicieron la cuenta y hoy nadie vende nafta con plomo”.

Así, considera que, tal como están, las retenciones a las exportaciones entorpecen la inversión. “Es lógico que un Estado quiera quedarse con parte de una ganancia extraordinaria. El problema es cuando baje el barril. No hay retención 0 para ningún nivel de barril. ¿Será realmente un impuesto provisional? Mire lo que le pasa al ministro de Economía con el impuesto al cheque: no lo puede bajar. En la década del 30 dijeron que el impuesto a las ganancias era momentáneo…”.

Por Francisco Olivera
De la Redacción de LA NACION